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Al cumplirse 250 años del nacimiento de nuestro héroe máximo afirmamos la vigencia del ideario artiguista. Lo hacemos con las palabras del Profesor Tabaré Melogno

“Hay otro Artigas. El que acunó la orientalidad, en la peripecia sin par del Éxodo y del Ayuí; el que defendió tenazmente la autonomía militar en el año XIII; el que adaptó, impecablemente, fórmulas constitucionales ajenas a la idiosincrasia de los pueblos: el que mantuvo una conducta rectilínea, siempre fiel a sí mismo y a sus convicciones; el que luchó sin tregua por su “sistema” porque en él – y sólo en él- veía el destino de la Revolución.

 Ese es el Artigas que tiene y seguirá teniendo vigencia.

 Cuando hablamos del achicamiento del mundo, cuando vemos los viejos Estados europeos superar sus orgullos nacionales para tentar, sin mengua de su personalidad histórico-política, fórmulas de agrupamiento que les permitan mantener su antigua grandeza; cuando el hombre se aventura a la conquista del espacio y la geopolítica cobra cada vez más seriedad; pensamos, no en imposibles retornos a concepciones perimidas, sino en la necesidad de reinjertarnos, activa y prontamente, en el ideario artiguista,  para construir un Uruguay autónomo, como  él lo quería, pero integrado a las demás Patrias americanas, en la fecunda tarea de edificar juntos un mundo en que la Paz y la Justicia lleguen cada vez al mayor número.

 Y tienen vigencia también, no sólo las ideas, sino los métodos de Artigas, Jefe de los Orientales o Protector de los Pueblos Libres, cuando ejerce el poder es duro e imperativo. Como todos los que están profundamente convencidos, cuando adopta una providencia ordena con energía inflexible, con exigencia perentoria.

 Pero en los instantes cruciales, cuando se juega el destino de la Revolución, cuando hay que definir un rumbo cierto, el Caudillo se recoge en el seno de su pueblo, para escuchar la íntima y profunda voz de la conciencia colectiva. Como si necesitara empaparse de su esencia vital.

 Consulta a los pueblos, reúne Congresos, explica decisiones, plantea problemas y se somete, con serena calma, al veredicto soberano del pueblo. Sabe que hay momentos históricos de tal manera decisivos  que el Conductor no puede actuar por sí, debe recibir la cálida solidaridad de su pueblo; debe oír la aprobación de sus actos; y, sobre todo, debe abrir su entendimiento y su corazón a las sugestiones del hombre anónimo, que sufre y calla, mientras construye su patria.

 En esta compenetración de pueblo y caudillo reside sin duda, la escondida raíz de la orientalidad.”1

Evoquemos hoy a  Artigas y defendamos sus ideas con nuestros actos  día a día.

 

1. Tabaré Melogno – ARTIGAS, LA CAUSA DE LOS PUEBLOS. Ediciones de la Banda Oriental.