«Nutrid mi carne, adiestrad mis brazos, hacedme aunque sea entrever el paraíaso y armadme para llegar a él y no temáis luego, aunque volvaís a colocarme en el desierto, que permanezca estático; yo, con lo que me habéis dado, procuraré abrirme caminos hacia la tierra prometida.
Y si caigo en la marcha, ¿no veis que muero viviendo una esperanza?»
Maestro Agustín Ferreiro

El viernes 15 de mayo de 2015 los funcionarios de la Intendencia nos comunican que el martes 19 de mayo saldría, a las 7 horas y 30, desde la escuela Nº 90, el micro que transportaría a los alumnos al Liceo de Cerro Pelado.

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Inmediatamente nos comunicamos todos. Yo, personalmente, me preocupé de comunicar principalmente a los dos referentes, así ganábamos tiempo para que se prepararan para el martes.

Como el viernes 15 tuve reunión en Rivera por el proyecto de lectura y el lunes 18 era feriado, decidí irme a Rivera en el auto. Aproveché a entrevistarme con el Director de Desarrollo Social de la Intendencia y me comprometí a estar en la Escuela el día martes 19 a las 7 y 30 horas para recibir al chofer del micro, a los estudiantes y a los padres.

Todos los muchachos estaban ansiosos y preocupados, principalmente porque no tenían útiles para llevar. Entonces les compré una cuadernola y una lapicera a cada uno para que tuvieran ese día.

Decidí viajar hacia la escuela el lunes 18 por la tarde, por miedo a atrasarme, ya que todo fue de última hora. Cuando llegué, de tardecita, había gente esperándome: padres y estudiantes. Dialogamos, respondí a varias preguntas y se fueron. Ordené las cuadernolas y las lapiceras de cada uno.

El martes 19 de mayo llegó el gran día.

El tiempo estaba muy feo, fresco y cerrado de llovizna, pero todo aquello era menor, ya que en todos existía el calor del entusiasmo.

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Llegaron temprano. Me abrazaban y me contaban: unos durmieron poco, otros casi no durmieron, otros estaban temblando, ansiosos.

Me contaban que no podían explicar lo que sentían. ¡Pobrecitos!!!

Cuando llegó el micro desde Rivera, la alegría fue total. Saludaron al chofer, fue emocionante. Después fotos, fotos, fotos y se fueron.

 

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Dos madres fueron con ellos en el micro y en dos autos fueron otras madres y padres, ya que el primer día debían ir los padres para inscribirlos en el Liceo, conocer el lugar y saber más o menos el funcionamiento del mismo a pesar que en la última reunión, la Directora del Liceo les había explicado algo y les había dado los horarios.

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Por la tarde, alrededor de las 17 y 40 horas regresaron felices. Querían hablar todos, me abrazaron, besos, besos y más besos.

En la Escuela dejan motos y caballos, ya que viven lejos. Uno de ellos, egresado el año pasado, va a caballo, vive a 7 kilómetros de la escuela. A veces va en moto, pero recién está aprendiendo a andar solo.

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Mariza Castro