Comienza un nuevo año escolar y una vez más nos enfrentamos a certezas inconmovibles y a un sin fin de interrogantes.

Las más firmes certezas se nutren de la fe que depositamos en nuestros compañeros maestros.

Compartimos la afirmación de Maurois: “El hombre que ama verdaderamente su trabajo vuelve a él, después del más breve reposo, con una curiosa y fuerte voluptuosidad. Cuando un ser se identifica con su oficio, desde el momento en que deja de trabajar le parece que su vida se detiene. Pero ¿deja jamás de trabajar?«

Sabemos, porque lo vivimos, que los maestros uruguayos, en su gran mayoría, aman su oficio.

Sabemos, porque lo vivimos, que luego de las vacaciones las tareas se retoman con una “curiosa y fuerte” pasión.

Y sabemos, porque intentamos serlo, que un educador auténtico no deja jamás de trabajar.

Sí, tenemos fe en quienes reinician su trabajo en las escuelas públicas de nuestro país, muy particularmente en quienes lo hacen en el medio rural.

Pero los desafíos que enfrenta la Educación Pública en este nuevo año son cruciales y van mucho más allá de lo que puedan hacer los docentes. Lo que está en juego es la pérdida o el desarrollo de la mayor riqueza con la que cuenta cualquier país: el talento de sus hijos.

En la respuesta que se puedan dar a esos desafíos radican, para nosotros, las interrogantes.

Compañeros maestros: estamos con ustedes, junto a ustedes. Un fraterno apretado abrazo.