Centro de Divulgación de Prácticas Escolares Nº 16

Si se estudian con alguna detención las prácticas escolares, vése que la mayor parte de ellas tienden a generar creyentes. El maestro o el texto dicen y el niño cree.

Cierto es que, dentro de las verdades a transmitirse en la Escuela, hay una buena parte que no pueden ser sometidas a comprobaciones directas ya por razones de espacio, de tiempo o por carencia de instrumental, más esto no puede ser motivo para eliminarlas de los programas escolares.

No estaría bien que se sustrajeran al conocimiento del escolar todas las verdades relativas a la vida y acción de los microbios a título de que la Escuela carece de instrumental para dar probanza de sus afirmaciones, ni que se dejaran de lado los Montes Himalaya porque no les es dado a nuestros niños, verlos o tocarlos: ni que los alejáramos del campo de la Historia porque no se tienen a mano los elementos probatorios de la verdad.

Lo malo es que también hagamos entrar por la vía de la creencia, verdades susceptibles de ser captadas por evidencias. No está bien que las verdades susceptibles de probarse hayan de ser creídas por la sola palabra del maestro, porque entonces corremos el riesgo, a pesar de que hablemos del sistema copernicano o de la transmutación de los átomos de formar espíritus a la manera como el mago moldeaba el del salvaje. El mago decía y el salvaje creía, posición muy semejante a la del niño que ha de moverse bajo la acción de un maestro que se limita a decir, cuando puede probar.

Los niños resuelven un problema que consiste en averiguar cuántos gramos de arena hay en una caja donde se han colocado sucesivamente 37 – 258 – 8 – y 7 gramos de ese material. El maestro dice “está bien” y los niños se consideran satisfechos con su palabra. ¿Por qué, ya que es posible, no se recurre a la balanza?

¿Por qué se ha de creer, cuando es fácil y posible basarse en evidencias?

El maestro dice como se hace el jabón y las verdades correspondientes entran al espíritu del niño por la vía de la creencia. De distinta índole serían las verdades inculcadas si se hiciera el jabón.

El maestro muestra unas semillas y porque éstas llevan adheridas fibras de algodón, se afirma que corresponden a esta planta y ya se actúa como sobre una verdad inconmovible. ¿Son fibras de algodón? Los alumnos no saben. ¿Serán fibras de algodón adheridas artificialmente a otros cuerpos? Tampoco lo saben. Así por estas escondidas y silenciosas sendas, vamos a la generación de creyentes. Hoy lo que dice el maestro es verdad, mañana lo será lo que dice el propagandista, el superchero, el taumaturgo de la política de la salud y del amor.

Los alfabetizados son más creyentes que los analfabetos: en éstos priva la desconfianza, en aquéllos la credulidad.

Hemos hecho a las masas permeables a las solicitaciones de la palabra hablada y de la escrita, sin dar las defensas correspondientes. Sólo así se explica que miles de neoyorquinos hayan vivido horas de terror porque a un locutor de radio se le ocurrió narra a lo vivo, en episodio de la novela “La invasión de los marcianos”.

Estimo que podría resultar provechoso para la humanidad el imprimir a la Escuela Primaria, direcciones que tienda a corregir los males que acabamos de señalar. El maestro debe probar con evidencias, todas las afirmaciones susceptibles de ser fundadas sobre esas bases.

firmaagustinferreiro-chica

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