Hace pocas semanas terminábamos una serie de charlas con un conjunto de jóvenes maestros, charlas que nosotros le llamábamos “Recuerdos del futuro”como la obra de Van Tankeren.

Terminábamos esas jornadas con una pregunta realizada a mí por el grupo de jóvenes maestros que por primera vez se ponían en contacto con todas estas actividades, este Movimiento de Educación Rural que nuestro país vivió a partir de la figura señera de don Agustín Ferreiro allá  promediando la década de los 30.

Y la pregunta más o menos era así: “Dime Luis ¿qué pasó  para que un conjunto de personas egregias le llamaría Ortega y Gasset, ubicadas en su tiempo y en sus generaciones produjeran todos esos impactos de los cuales ustedes, ya viejo, son testigos?”.

Son vivencias. Entonces se nos ocurrió al conjunto  de compañeros que estuvimos en esta organización que la última parte tendría que ser para reflexionar acerca de Homero Grillo como ejemplo de la potencialidad transformadora que tienen las personas, los grupos y las sociedades en determinados contextos históricos.  Y por qué no   hay potencialidad transformadora tan profunda en otras personas, en otros grupos y en  otros momentos de la sociedad.

Entonces alguna de esas jóvenes  que están sentadas por allá habrá entendido por las intervenciones de otros compañeros que me precedieron en el uso de la palabra, por dónde viene el hilo conductor de todo esto.

Homero Grillo como ejemplo de potencialidad transformadora

A mí me gustaría rápidamente reflexionar, presentar el testimonio de la vida de Grillo como ejemplo, repito, de la potencialidad transformadora que se posee o no se posee, que se quiere expresar  o no se quiere expresar, o no se puede expresar.

Entonces señalo como primer  aspecto que nosotros debemos rescatar el potencial transformador que cada uno de nosotros tiene, que cada uno de los grupos  con los que convivimos tiene y la sociedad tiene y no dejarnos llevar mucho por la actitud de   quienes nos acusan de voluntarismo fácil o de idealismo utópico cuando enfrentamos algunas situaciones en la vida personal, grupal o de la sociedad.

Vamos a recurrir a Grillo como ejemplo de la generación que se inserta en el paisaje pedagógico de nuestra sociedad al terminar la década de los 30.

Acuciado por la ejemplar actitud y construcción que venía preparando don Agustín Ferreiro, Grillo fue uno de los primeros veinte directores de las veinte Escuelas Granjas que el Consejo integrado por don Agustín Ferreiro resolvió crear al terminar el año 1944 y que comenzó su acción en el 1945.

Grillo formaba parte de una generación con Abner Prada, con Miguel Soler y con otra gran cantidad de compañeros cuya lista no podría yo agotar en esta instancia, pero me sirve Grillo como ejemplo de esa generación insertada en una sociedad que iba camino hacia adelante.

Recordemos rápidamente que   en ese momento, al culminar de los años  cuarenta, la matrícula de la Escuela Rural llegó a la cumbre  inscripcional: más de 55.000 niños concurrían a la escuela. Y recordemos también que en la década de los cuarenta el Uruguay se vio  necesitado  a enfrentar toda una coyuntura internacional centrada en la industria bélica  que exigía de estas partes de las zonas templadas del planeta esfuerzos mayores en cantidad y en calidad de producción demandada por la vieja Europa en guerra. Con un 20 % de la  población, si mal no recuerdo, todavía asentada en el campo, con personas que estaban avizorando mejores tiempos y que al terminar la década de los cuarenta habían consagrado en  una ley la creación del Instituto de Colonización del 18 de  enero de 1948; habían consagrado las esperanzas de que en el Uruguay se empezaran a formular planes de reforma agraria, establecidos por la ley de ese momento y alrededor de esas comunidades rurales se insertaba una Escuela Rural que estaba en profunda transformación a partir del año 37 con la prédica y la acción de don  Agustín Ferreiro.

No hay ningún cambio si no hay iniciadores del cambio

Pero no hay ningún cambio si no hay iniciadores del cambio, no hay ningún  cambio si no hay  quienes acompañen el cambio,  que se inserten en grupos que quieran cambiar en una sociedad que quiera cambiar.

Entonces, de acuerdo al principio de lo que podríamos llamar la condicionalidad histórica, Grillo y su generación se insertan en  un tiempo, en un medio  rural que quería cambiar hacia adelante, en un país que quería ir hacia adelante.

En la armonía,  en el equilibrio armonioso de personas, de grupos y de sociedad, es que se produce la mayor explosión del potencial transformador que señalaba.

Los compañeros señalaron los valores pedagógicos, los valores del ser, los valores fundamentalmente humanos que adornaban la figura de Grillo.  Entonces,¿por  qué algunas personas –me decían los jóvenes  maestros- tienen el poder de imantar como otras tienen el poder de rechazar, por  qué esos maestros  que tú evocaste en tus charlas de  “Recuerdos del futuro”, tienen esa característica de poder proyectarse imantando a los demás y dándole  elementos para convencer a los demás a que se integren a la caravana de los que luchan para transformar las cosas positivamente?”

Leyendo algunas obras me encontré con un autor a mi criterio maravilloso que me parece  que nos puede ayudar a encontrar respuestas a cuáles son los componentes del alma de esa gente  que les permite hacer  cambiar a los demás para producir otras transformaciones que se quieren lograr.

La autorrealización

Me parece que uno de los componentes esenciales de una persona sana es la capacidad que tiene para autorealizarse, entendiendo por autorrealización ese proceso personal, grupal y societal que se debe cumplir cuando llenadas las necesidades básicas, la persona, el grupo y la sociedad necesitan cumplir otro tipo de necesidades, si quieren llamémosle metas,  más allá de las necesidades básicas cuyo proceso de realización exige exponer al máximo el potencial personal, grupal y societario.

Entiendo que si no hay autorrealización no se está en condiciones de ayudar a realizarse a los demás.

El proceso empieza humildemente por cada uno de nosotros,  y los unos y los otros nos vamos impregnando para crear las condiciones subjetivas que armonizadas con las condiciones objetivas permitirán entonces que se produzca el resultado transformador que deseamos. Una persona sana además de las necesidades básicas, tiene otro tipo de necesidades y yo digo que todo ese cúmulo de necesidades a mi criterio  está centrado en una gran actitud de amar a lo demás. No es mala palabra la palabra amar.

Necesidad de proyectarse en los otros

Cuando uno se siente que se va realizando parecería que hay una necesidad y una necesidad vital de proyectarse en los otros. Y en Grillo nosotros veíamos como su proceso de realización personal  iba madurando en la medida que él veía que se realizaban los demás.

Educar es hacer crecer al otro

Era una especie de proceso de autoalimentación, creo yo, sospecho yo,  centrado en una especie de código central, de núcleo central de lo que para él era la Educación, creo yo, sospecho yo que en definitiva para Grillo educar, contactar con los demás, con los otros seres humanos fundamentalmente, es hacer crecer al otro y en el proceso de hacer crecer al otro  crece uno mismo.

Por lo tanto me da la impresión de que para Grillo ser educador era una especie de desafío, de hacer crecer  a los demás, crear las condiciones para que el otro creciera y con efecto bumerang,  él crecía, se autorrealizada en ese proceso. Sospecho que por  ahí iba  la cosa.

Si es otra cosa educar que no hacer crecer y crecer con los otros, bueno, pediría que me explicaran con detenimiento, qué es educar, porque quienes tuvimos la suerte de estar con esa pléyade, ese conjunto de personalidades egregias que formó la generación de los años cuarenta, que  tuvo el escenario educativo en los años 40 o cincuenta, hasta  que sale del escenario educativo nacional, evidentemente todos nos sentimos de alguna manera imantados, todos nos sentimos de alguna manera comprometidos  a actuar junto con ellos  en su proyecto que no era solamente un proyecto,  como muy bien dijeron los compañeros, no era un simple proyecto de propuesta educativa vitalizada, enriquecida, cualificada, sino que ese proyecto de vida estaba al servicio de un objetivo fundamental que lo trascendía,  que era lograr los ambientes para que la gente mejorara la calidad de su vida. Saco de la palabra de los compañeros, que en la medida que Grillo pensaba, y ese conjunto de gente pensaba, que en la medida en  que los otros ascendían el todo ascendía en sus calidades de vida, cada una de las personas lo iba logrando y a la inversa en la medida que cada uno va haciendo los esfuerzos para lograr esas mejoras de calidad de vida va ayudando a que los otros lo generen porque las personas en gran medida son parte del proceso de los grupos, en la medida que todos tenemos grupos que tienen alta cualificación, todos los integrantes de ese grupo se cualifican en el proceso y también las calidades personales de cada grupo hace que la totalidad del grupo se eleve y por supuesto a la inversa.

Por eso nosotros, la generación de los que ya nos vamos, hemos tenido la oportunidad histórica de ver momentos preciosos del país, momentos mediocres del país y momentos muy negros del país. Entonces   se nos ocurre que este tipo de potenciales hipótesis sociológicas se han cumplido.

Personas que no mueren

Ahora me decían los jóvenes: “Entonces tú  señalas que después de todo si alguna de esas personas desaparece en definitiva no desaparece totalmente”.

Claro que yo les contestaba con un si rotundo. Las personas que han expresado ese potencial transformador y que han hecho poner en marcha la eterna red de las generaciones jamás mueren. Las personas que como Grillo frente a la doble opción  que tenían de elegir entre la vida o la muerte eligieron por la vida, cuando mueren, siguen viviendo porque mientras haya un solo integrante como el granjero que está ahí o como la maestra que fue alumna de Grillo, como el vecino viejo de la escuela Nº 16 o los alumnos que ya lo estamos siendo nosotros, maduros como el caso de Elda, como las personas todas que tuvieron la tremenda oportunidad de haber conocido este tipo de gente, mientras estemos acá cada uno de nosotros, evidentemente, la prédica, la acción realizadora de este conjunto egregio de maestros o no maestros jamás morirá.

1990/12/11