Leímos una vez, y lo compartimos,  que “si el conocimiento de la Historia presenta una importancia práctica para nosotros, es porque en ella aprendemos a conocer hombres que, en circunstancias diferentes y en la mayoría de los casos inaplicables a nuestra época, han luchado por valores e ideales que eran análogos, y eso nos da la conciencia de formar parte de un todo que nos trasciende, que continuamos en el presente y que los hombres que vendrán después de nosotros continuarán en el porvenir”.

Hoy, que nuevamente son cuestionados “valores e ideales” por los que lucharon en forma anónima y fervorosa varias generaciones de docentes, juzgamos que es impostergable rescatar, con sentido crítico, experiencias que como la del Instituto Cooperativo de Educación Rural  (ICER) nos permitan llegar a una nueva comprensión de nuestro pasado educativo y a una nueva prospección del futuro. Ellas nos pueden proveer del impulso vitalizador que nuestra realidad presente reclama.

“Una empresa quijotesca”

Hablar del ICER es hablar de una de las realizaciones más singulares y fecundas que en el área de la Educación se han llevado adelante en el país.

Hijo de nuestro gremio, se nutrió con la doctrina de Educación Rural y encontró en la mística que de ella emana la fuerza pura para alcanzar, con los mínimos recursos materiales, una considerable incidencia en el magisterio uruguayo y un reconocido prestigio internacional.

En su momento se le calificó como “una empresa  quijotesca”. Y eso fue.

Para el iceriano había un “rumbo” y él alentaba la entrega, porque “en la alta noche, ante cuyas sombras algunos huyen temerosos, mientras otros se detienen desconcertados, quienes nos movemos con rumbo claro y limpia $$intención, sentimos la alegría de avanzar, resueltos y firmes, ya que toda la simple, humana dicha está en eso: tener un rumbo, en seguir por él, en confiar en él”. (1)

La obra del ICER constituye un desafío para los maestros de hoy.

Por qué nace el I.C.E.R.

En febrero de 1960 el Consejo de Enseñanza Primaria elevó al Parlamento un proyecto de Presupuesto en el que se incorporaba al mismo, en forma  definitiva, la Sección Educación Rural creada el 15 de mayo de 1958.

El 5 de enero de 1961 el Consejo  aprobó su Presupuesto de Sueldos y Gastos.
El Parlamento le había votado una cifra global en base al proyecto presentado.

Conseguida  dicha partida el  Consejo de Enseñanza Primaria sustituyó el planillado elevado en febrero por otro totalmente diferente. Al mismo tiempo  decretó una completa reorganización del Servicio.

Esta reforma implicó una transformación de profunda envergadura que, prácticamente, afectó todas las áreas y niveles: lo administrativo, el régimen  de inspecciones, la Enseñanza Especial, la Enseñanza Normal, la asistencia social, etc.

El sector más duramente golpeado por la reforma fue la Educación Rural.

Como consecuencia de la reestructura desaparecía la Sección Educación Rural del Consejo Técnico Consultivo; ocurría lo mismo con la Inspección de Escuelas Granjas, se cambiaba totalmente la orientación que tenía el Instituto Normal Rural; se introducían, en fin, modificaciones sustanciales en el funcionamiento del Núcleo Experimental de La Mina.

Esta “reorganización presupuestal” fue proyectada sin mediar consulta al magisterio nacional, sin pedir asesoramiento al Cuerpo Técnico Consultivo (integrado con los cuatro maestros  de mayor jerarquía funcional) y con prescindencia absoluta del Departamento de Hacienda.

Los maestros rurales se movilizan en defensa de una doctrina educativa

Frente a estos hechos y ante una reorganización que socavaba la educación rural en sus cimientos mismos, el 12 de enero de 1961 se reunió el plenario de la XVI Convención del Magisterio.

Si bien todos los asuntos tratados fueron de importancia, el primero en debatirse refirió a la supresión de la Sección Educación Rural en la nueva estructura concebida por el Consejo de Primaria.

En el numeral cuarto de la resolución de la Convención se expresaba: “Que (el Presupuesto) es retrógrado en lo que concierne a la Enseñanza Rural, porque destruye conquistas logradas por los maestros a través de muchos años de sistemático y fervoroso esfuerzo. No puede ocultar, tras algunas compensaciones al maestro rural, su propósito de destruir cuanto se ha realizado en este complejo aspecto de la enseñanza y anular así el impulso renovador que ha caracterizado a quienes han promovido su superación técnica”.

Los comienzos del año lectivo de 1961 fueron precedidos por una intensa movilización en el ámbito magisterial, muy particularmente en el que tenía relación con los docentes rurales.

El primero de marzo se reunió la Comisión Ejecutiva Central de la Federación Uruguaya del  Magisterio y la Comisión Especial para la Defensa de la Educación Rural a fin de ultimar los detalles organizativos de una Asamblea Nacional de Maestros Rurales.

Esta Asamblea sesionó en el Paraninfo de la Universidad los días 2 y 3  de marzo y contó con la presencia de maestros de los más apartados puntos del país.

Venían a analizar la reestructura de servicios dispuesta por el Consejo de Enseñanza Primaria y a tomar posición frente a la situación creada.

Se iniciaron las actividades escuchando los informes de la Comisión Especial para la defensa de la Escuela Rural. Posteriormente se pasó al trabajo en comisiones.

Se abordaron los siguientes temas: “Análisis del proceso de la Educación Rural”, “Conceptos de Educación Rural”, “Plan de trabajo en defensa de la Educación Rural”.

Luego de considerados los informes y de celebrar un plenario en el que participaron técnicos del Instituto de Teoría Urbanística de la Universidad, se aprobaron diferentes resoluciones.

Interesa destacar dos de ellas. La primera refiere a declarar el 15 de mayo como Día de la Educación Rural.

La segunda resolución decía textualmente:

 “En el caso de  que el Consejo de Enseñanza Primaria no ponga en funcionamiento la Sección Educación Rural en los plazos que quedan establecidos, el magisterio rural dará los pasos necesarios para brindarse a sí mismo, en forma autónoma, la asistencia técnica que necesita para el cumplimiento del programa vigente y para que la educación rural del país continúe su firme proceso de crecimiento.

A tales efectos se recomienda a un equipo constituido por los compañeros Nelly Counago  de Soler, Ana María Angione, Homero Grillo, Miguel Soler, Abner Prada y Weyler Moreno la adopción de todas las medidas conducentes a la creación y funcionamiento de esta institución que se denominará Instituto Cooperativo de Educación Rural, el que deberá ajustarse a las siguientes normas generales:

a) El ICER hará llegar asistencia técnica a los maestros rurales de todo el país por medio de publicaciones, emisiones radiales, cursillos y demás medios que estén a su alcance.

b) Igualmente procurará que esta asistencia alcance a los Centros de Misiones Socio Pedagógicas que actúen con independencia técnica de las autoridades escolares.

c) El ICER dispondrá de total autonomía técnica y financiera. El equipo al que queda confiada la conducción de los trabajos tomará medidas para obtener el asesoramiento de especialistas y la colaboración técnica de todos los maestros que quieran aportar sus experiencias.

Igualmente acordará con la F.U.M. la adopción de las medidas necesarias que permita la mutua y estrecha colaboración en el plano nacional y departamental, sin que ello afecte la necesaria autonomía del Instituto.

d) Los maestros rurales comprometen su apoyo económico a esta iniciativa por entender que la misma ha de permitirles hacer frente a esta etapa crítica de la Escuela Rural con el respaldo de los compañeros más experimentados y con la alegría de emprender, con su propio esfuerzo, una obra indispensable”.

Cuando se reunieron los maestros los  hechos ya estaban consumados y el Consejo de Enseñanza Primaria no dio un paso atrás.

Nace el Instituto Cooperativo de Educación Rural

Entonces nació el I.C.E.R.

Desde el primero de julio de 1961 el ICER ocupó una parte del ala derecha de la Casa del Maestro. Ésta se encontraba en la antigua cochera de Castro, Laguna Merín 4130, en el Prado.

La propiedad pertenecía a la Intendencia Municipal de Montevideo y había sido cedida por un período de 99 años a la Asociación Magisterial durante la administración del Intendente Aquistapace.

Ubicado en un lugar privilegiado de la ciudad, el local estaba enclavado en el parque mismo. Muchas veces fue allí, en pleno Prado, que se celebraron reuniones de grupo o se cumplieron actividades de recreación que eran compartidas por el vecindario. Varios moradores de la zona añoran  el pasado iceriano.

El local donde funcionó el I.C.E.R.

Vale la pena detenernos a describir aquel local que atesoraba un secreto encanto y que encerraba algo del espíritu de la Institución.

Era una construcción vetusta.  La fachada del edificio, escondida entre madreselvas, jazmines y santa ritas, tenía una amplia verja a través de la cual se descubría el gran patio cubierto por losas de piedra. Las paredes exteriores estaban manchadas de verdín y en su interior parrales y limoneros guardaban aún algo de la placidez de las viejas huertas de abastecimiento típicas de esa zona de las márgenes del Miguelete.

Vista actual del local que ocupó el ICER

En las oficinas, refaccionadas por los propios icerianos, reinaba la sobriedad y el orden. Los muebles eran de segunda mano, conseguidos en remates. Las estanterías que cubrían dos paredes hasta el techo, nacieron de la industria de don Juan Borca y de los maestros del ICER.

Todo el ámbito estaba impregnado de olor a matriz, a papel, a tinta.
Todo era calidez y trabajo. Cada cuadro, cada adorno, cada afiche tenía un hondo significado, desde la estatuilla del Quijote que dejara en custodia don Enrique Bráyer al irse al extranjero, a la pequeña tarjeta llegada de una perdida escuela en cualquier punto del país. Y allí, en lugar de privilegio, un mural que lucía el emblema del Instituto y el lema que marcó su rumbo: “Hacia una Escuela Rural mejor”.

Vista actual de la puerta de entrada de las oficinas del ICER

Independencia de toda política partidaria u orientación religiosa

Tal como establecían sus estatutos, el ICER  no tenía ningún tipo de militancia político- partidaria ni religiosa.

Durante toda su trayectoria esa independencia fue muy cara a la Institución. Al respecto escribía Julio Castro: “Me alegra que el ICER siga vivito y coleando. Si no pierde su sentido y orientación ideológica puede ser una buena inversión de esperanza para el futuro”. (2)

ICER mantenía relaciones de mutua cooperación con F.U.M., pero actuaba “al margen de la lucha gremial y de manera autónoma”: (3)

El Instituto propugnaba una política educativa que diera un tratamiento prioritario a la educación campesina y en lo atinente a la misma tuviera su fundamento en los siete postulados básicos de la Doctrina de Educación Rural.

Los fines cardinales del ICER  tendían al servicio de esos fundamentos doctrinarios.

Integración del I.C.E.R.

La autoridad máxima del Instituto era la Asamblea General. Ésta se integraba con la totalidad de los afiliados.
Se reunía en forma ordinaria una vez al año y lo hacía extraordinariamente cuando se debían tratar temas urgentes, respondiendo a una convocatoria especial.

La Comisión Asesora era el órgano consultivo. Se integraba con personalidades de gran capacitación y experiencia reconocidas en materia educativa. Entre quienes formaron parte de este órgano debemos recordar a educadores de la talla de Julio Castro, Yolanda Vallarino y Enrique Bráyer.

La Comisión Fiscal tenía a su cargo el control de todo lo relacionado con las finanzas del Instituto.

Los Corresponsales eran socios que representaban al ICER en distintas
ciudades y pueblos del interior al tiempo que servían de nexo entre los afiliados de su zona de influencia y el Equipo de Trabajo.
Había corresponsales  en todas las capitales departamentales y en algunos centros poblados menores.

El Equipo de Trabajo era elegido por la Asamblea General Ordinaria y estaba  compuesto por siete miembros titulares y siete suplentes. Duraban un año en sus funciones y podían ser reelectos.
Este Equipo cumplía sus actividades a través de los siguientes sectores:  

  • Administración,
  • Radio,
  • Reuniones, Jornadas y Cursillos,
  • Trámites y Suministros,
  • Publicaciones,
  • GEP (Grupo Estudios de Perfeccionamiento),
  • Hogar Cooperativo para Maestros Rurales.

A la Administración correspondían las tareas de Secretaría y Tesorería. Constituía un sector vital para el Instituto. El trabajo era intenso.

A través de la correspondencia se procuraba siempre afirmar el espíritu de la “familia iceriana” y de acompañar al colega que estaba lejos y muchas veces solo.
Era el Secretario quien picaba las matrices de todo lo que se publicaba a mimeógrafo (la mayor parte del material) debiendo compaginar, armar, engrapar, y preparar los envíos.

A su vez tenía a su cargo las vinculaciones con instituciones del extranjero con las que había canje de materiales e intercambio de experiencias.

El Sector Radio tenía como finalidad difundir los ideales del Instituto, brindar asesoramiento vinculado al trabajo escolar, a temas de extensión educativa y de acción social así como dar a conocer informaciones de interés  y trasmitir un mensaje final de apoyo y esperanza a los compañeros del Interior.

Se irradiaban dos audiciones semanales: una para el campesino y otra para los docentes.
La primera se transmitía por CX 32 Radio Sur y la segunda por CX 8 Radio Sarandí. Se llegaron a emitir unas 34 audiciones al año desarrollándose varios ciclos.

Recordamos algunos de los temas centrales de esos ciclos: “Programas  para Escuelas Rurales”, “Sugerencias sobre temario de concursos”, “La juventud rural”, “Actividades prácticas a cumplir en la escuela campesina”, “Comentario de trabajos de maestros rurales”, “Actividades a cumplir en la huerta”, “Sugerencias par la fiesta de fin de cursos”, etc.

El Sector  Reuniones, Jornadas y Cursillos se encargaba de impulsar y realizar diferentes actividades de capacitación y divulgación de prácticas en ciudades  y pueblos del interior del país. En verano se realizaban en Montevideo los cursos de vacaciones.

Para el cumplimiento de estas actividades el Equipo de Trabajo actuaba con el respaldo de maestros de experiencia y de especialistas en diferentes áreas. Recordamos entre otros a Orestes Volpe, Profesor José Pedro Díaz,  arquitecto Juan Pablo Terra, Profesor  Spencer Díaz, Arquitecto Leopoldo Artucio, Ingeniero agrónomo Carlos Rusks y muchos más.
En esos encuentros Nelly Counago de Soler, Elsa Morales de Benítez o Cecilia Calo de Milans creaban, con su música y su cordialidad, un fraterno clima de alegría compartida.

A manera de ejemplo de la actividad que podía desarrollar este Sector tomamos los datos correspondientes al año 1967. En el transcurso de este ejercicio se realizaron, además del Curso de Vacaciones en Montevideo, Jornadas en Artigas, Paysandú, Treinta y Tres, Costas de Illescas, Durazno (2), Mercedes, Florida, Cerrillos  y  Minas. Se organizaron además Cursillos en San Ramón, en Tala y en Rocha y una Reunión en Treinta y Tres.

Cuando se creó el Grupo Misionero Nelly  Counago de Soler, este Sector brindó su apoyo  y asesoramiento participando en encuentros y misiones.

El Sector Trámites y Suministros se encargaba de proveer a los maestros rurales de aquellos materiales que solicitaban (alambre, herramientas, libros,  fertilizantes, útiles, etc.)  así como de realizar trámites y gestiones

A través del Instituto se adquirían insumos procurando mejores precios y mayor calidad y se realizaban las más variadas diligencias para los maestros y para algunos vecinos de las zonas de influencia de las escuelas evitando así costosos traslados y facilitando los más diversos asesoramientos secundando  la labor de los compañeros que trabajaban en la soledad de  nuestros campos.

Al Sector Publicaciones correspondía la selección y envío a los socios de material técnico docente. Se remitían además boletines informativos y anualmente la revista RUMBO.

Una de las tapas de la revista Rumbo

La mayor parte del material se imprimía a mimeógrafo  y se armaba en el Instituto. Se publicaron más de cien trabajos entre folletos, libros de lectura y cartillas de divulgación. A través de las publicaciones se cubrió la totalidad de las áreas y se abordaron los más diversos temas. Los materiales del ICER llegaron a través de sus socios a todas las escuelas del país y fueron reeditados muchas veces. Aún hoy prestan su apoyo a algunos docentes y son reclamados por muchos más.

La mayoría de los autores de estas publicaciones eran maestros icerianos  que hacían llegar sus producciones al Equipo de Trabajo. Éste hacía un primer estudio de los mismos y posteriormente  los sometía a la consideración de la Comisión Asesora.
Importa señalar que jamás nadie cobró ni reclamó derechos de autor.

ICER editó más de diez libritos de lectura preparados especialmente para atender las vivencias del niño campesino. La mayoría de estos libros iban acompañados de fichas de trabajo que sugerían actividades a cumplir a partir del contenido de los diferentes textos propuestos.

Todas las publicaciones del ICER fueron ilustradas por el maestro duraznense Pedro Raúl Buela.

Propiciando la tarea de divulgación de obras de interés para el magisterio nacional este Sector inició la reimpresión de libros ya agotados tales como “El banco fijo y la mesa colectiva” del maestro Julio Castro.

A través  de las publicaciones se procuraba también trascender al ámbito magisterial y llegar al pueblo todo. En tal sentido se publicaron artículos en todos los órganos de prensa que brindaron espacios para la divulgación de informaciones del ICER.

Sector Grupo Estudios de Perfeccionamiento (G.E.P.)

En 1964 se creó el Instituto Magisterial Superior  (I.M.S.). Un grupo de icerianos obtuvo becas para hacer la primera etapa de los Cursos de Perfeccionamiento. Con el fin de que los socios que se interesaran en proseguir estudios de postgrado pudieran hacerlo desde sus lugares de trabajo nació el Sector Grupo Estudios de Perfeccionamiento (G.E.P.).

Mediante una organizada división de las tareas los becarios grababan las clases, las desgrababan, los profesores hacían las correcciones que juzgaban  necesarias y el material resultante se imprimía y remitía a los socios que integraban el G.E.P.   

Se enviaba además toda la bibliografía sugerida por los docentes, el contenido de las conferencias que se daban en el I.M.S. y todo lo que podía enriquecer la preparación del socio.

De esta manera se cubrió el programa de las doce asignaturas que comprendía el Plan C de Ciencias Sociales de la Primera Etapa del I.M.S.

El Grupo funcionó para un centenar de afiliados aproximadamente y realizó 30 envíos anuales.

Sector Hogar Cooperativo para Maestros del Interior

Cuando la Asociación Magisterial solicitó ocupar las dependencias en las que funcionaba el ICER nació el  Sector Hogar Cooperativo para Maestros del Interior.

Este Sector respondía a la necesidad de tener un local propio donde proseguir y ampliar las actividades y donde acoger a los socios cuando venían a Montevideo.

Gracias al aporte de los afiliados se pudo comprar un terreno con mejoras en el kilómetro 16 de Camino Maldonado. Este terreno se permutó a Primaria por dos casas ubicadas en la calle Río Branco al 1161 y 1163 entre Canelones y Maldonado.

Cuando ICER fue autorizado a ocupar una parte del local se iniciaron los trabajos de acondicionamiento del futuro Hogar. Esta obra quedó inconclusa. En el año 1975 las Fuerzas Conjuntas tomaron posesión del Hogar que estaba en construcción perdiéndose no sólo los inmuebles sino también todas las pertenencias del Instituto.

En resumen

En resumen digamos que a través de sus distintos sectores, trabajando en forma coordinada y nutriéndose siempre en la Doctrina de Educación Rural, el Instituto hizo llegar a un alto porcentaje de maestros campesinos (ICER llegó a tener más de un millar de afiliados) una auténtica asistencia técnica y un permanente apoyo moral.

Con el paso de los años algunos de los fundadores del ICER  siguieron caminos diferentes, casi todos en el extranjero.
Nuevos maestros sucedieron a los pioneros. Pero la obra prosiguió vital, multiplicadora.

Escribía el maestro  Ubaldo Rodríguez Varela:  “En una época en que hemos visto tanta gente que creíamos de primera, resultar que al final no servían ni para tercera; en una época en que cada vez te encuentras más maestros funcionarios que maestros de verdad; en una época así, Viejo Grillo, la existencia de un grupo como ustedes reconforta. Y reconforta más el ver cómo los jóvenes han ocupado el lugar de los veteranos creídos imprescindibles, con verdadera calidad y aún superándolos. Cualquiera habría creído que el alejamiento de Soler, de Prada, de Weyler, Ana María etc., significaba la catástrofe para ICER. ¡Mentira! Que ellos dejaron la casa impregnada de su espíritu y su ejemplo, es cierto, pero que había gente nueva para tomar la posta y mejorar los tiempos, también es cierto. Y eso es lo lindo… Es bueno que los jóvenes tengan con ellos alguien maduro para hacerles el ladero; para eso te tienen nada menos que a ti y el tiempo dará otros maduros para otros jóvenes”. (4)

La muerte del I.C.E.R.

Los “tiempos difíciles” mataron al ICER.
Pero hoy tiene que haber “otros maduros para otros jóvenes” porque las circunstancias exigen una respuesta categórica en defensa de valores e ideales que están en la raíz misma de nuestra educación. Ese es el desafío del presente.

Escribe Vaz Ferreira en Fermentario: “Todas las situaciones están llenas de hombres necesarios, o de vacíos en que el hombre necesario faltó”.
Esos hombres constituyen el germen de las instituciones. Sin estridencias,    con humildad, hacen que su obra crezca día a día e impregnan esa obra con su espíritu.
ICER tuvo desde su nacimiento hasta su muerte un hombre que trabajó y luchó por ese Instituto más allá de lo imaginable.
ICER tuvo a Homero Grillo.

Nota
(1)  Rumbo Nº 1.
(2)  Carta de Julio Castro a Homero Grillo.
(3)  Rumbo Nº 1 pág. 39
(4)  Carta a Homero Grillo

Marita Sugo Montero