{"id":3670,"date":"2016-03-21T17:25:35","date_gmt":"2016-03-21T19:25:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.educacionrural.org\/?page_id=3670"},"modified":"2016-05-03T16:10:55","modified_gmt":"2016-05-03T18:10:55","slug":"centro-de-divulgacion-de-practicas-escolares-no-20","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.educacionrural.org\/?page_id=3670","title":{"rendered":"Centro de Divulgaci\u00f3n de Pr\u00e1cticas Escolares N\u00ba 20"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><u>LA OCULTACI\u00d3N DE IGNORANCIA EN LA\u00a0\u00a0 ESCUELA\u00a0\u00a0 PRIMARIA<\/u><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Muy pocas veces nuestros escolares reaccionan frente a las cuestiones que les planteamos, con un \u201cno s\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>Antes de una confesi\u00f3n de tal \u00edndole prefieren salir del paso apropi\u00e1ndose de las soluciones a que llegaron sus condisc\u00edpulos, o diciendo lo primero que les viene a la boca, o encerr\u00e1ndose en mutismos, o recurriendo a gestos con los que quieren simular olvidos; todo, menos declarar lisa y llanamente \u201cno s\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil que esta resistencia, as\u00ed, tan cerrada a la confesi\u00f3n de ignorancia, tenga origen puramente callejero u hogare\u00f1o. En lo que llevo observado, las simulaciones se manifiestan en forma muy atenuada en el primer mes de escolaridad; en tal per\u00edodo, abundan los que, espont\u00e1neamente confiesan incapacidades. Lo dicen, al principio, sin timideces, luego vienen temblores en la voz, arreboles en las mejillas, demoras en el expedirse, despu\u00e9s el hermetismo o el decir por decir, o el presentar como propio el trabajo ajeno, o el accionar como si la verdad buscada se hallara en la punta de la lengua, pugnando por salir.<\/p>\n<p>Estoy lejos con esto, de sostener que la escuela es la generadora de esta tendencia que lleva al ni\u00f1o a la ocultaci\u00f3n de su ignorancia; \u00e9ste, mucho antes de ingresar a los centros educacionales, aprecia el no saber como elemento inferiorizante. Desde los albores de su existencia, el ni\u00f1o va fijando posiciones con respecto al mundo que lo rodea y extrae de \u00e9l un sentido acomodado a sus experiencias y al modo c\u00f3mo \u00e9stas lo impresionan. La calle y el hogar est\u00e1n saturados de desprecio hacia el no saber, plenos de sanciones que, como el rid\u00edculo, los reproches, las malas consecuencias, de una conducta inh\u00e1bil, llevan pronto a la conciencia, a la formaci\u00f3n de un concepto desfavorable para las manifestaciones de ineptitud.<\/p>\n<p>Las reacciones no se hacen esperar y vienen acomodadas a una de las direcciones generales que sigue la materia viva, para proteger las \u00e1reas d\u00e9biles: se tiende a la ocultaci\u00f3n como si en las formas superiores de la organizaci\u00f3n de la vida, el mimetismo, desbordando lo f\u00edsico, actuara sobre lo ps\u00edquico, y lo moral.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o al ingresar a la Escuela ya sabe, pues, con respecto a este punto, de defensas y naturalmente se prodiga en ellas, porque toma la infancia como uno de sus grandes instrumentos de correcci\u00f3n. Un impulso, al parecer at\u00e1vico, arrastra al p\u00e1rvulo a la estigmatizaci\u00f3n del inepto: apedrea los ancianos, provoca a los ebrios, atormenta a los tarados mentales, se burla de los defectuosos ps\u00edquicos, tiene risas crueles par las dificultades de expresi\u00f3n de los tartamudos. Sus tiros son siempre certeros para atacar a quienes, dentro de las normas de justicia biol\u00f3gica, constituyen elementos cuya reforma o desaparici\u00f3n convienen a la especie.<\/p>\n<p>En la infancia hay luchas donde las heridas m\u00e1s crueles son las que no sangran; se va por lana, buscando los puntos d\u00e9biles: \u00a1ay! Del rotoso, del remendado, del que calza burdamente; \u00a1ay! De los que tienen familiares cuyos nombres andan en el mundillo de la maledicencia. Se va por lana, presto a herir, con el fino aguij\u00f3n de la burla, en las zonas m\u00e1s sensibles del ser; pero \u00a1cuidado peque\u00f1o atacante! No baj\u00e9is la guardia porque con la piedra que hieras, ser\u00e9is herido. Disimula, miente, si es preciso: tu vestido es pringoso, pero para uso dominguero tienes uno muy lindo. Tu madre es pobre, pero a tu padrino no hay quien lo iguale en riquezas. \u00bfY la mu\u00f1eca que tienes en tu casa? \u00bfNo es, acaso, la m\u00e1s bella, la m\u00e1s grande, la mejor vestida? \u00bfQu\u00e9 no te creen, que quieren verla?, \u00bfque se atreven a decirte mentirosa, que te acompa\u00f1an hasta tu misma casa para cerciorarse de tu verdad? NO, ahora no puede mostrarla; la tienes donde tu abuelita, que vive en lejan\u00edas de ensue\u00f1o, en mansi\u00f3n desbordante de m\u00e1rmoles y flores.<\/p>\n<p>A los maestros nos viene un material humano tendido por leyes inexorables de la naturaleza, a las m\u00e1s variadas formas de ocultaci\u00f3n, de los sectores que el sujeto considera como elementos de minusval\u00eda.<\/p>\n<p>Colocado el ni\u00f1o en el medio escolar, donde el saber es uno de los valores mejor cotizados y la ignorancia un motivo de anatematizaci\u00f3n, se mueve, impulsado irresistiblemente por sus tendencias biol\u00f3gicas, en forma que sus desplazamientos sirvan para mostrar lo bueno, pero, especialmente, para ocultar lo criticable. Orondo, como el grajo de las ajenas plumas, muestra la soluci\u00f3n que acaba de hurtarle a un compa\u00f1ero: aguza el o\u00eddo para captar el soplo amigo, quedo rumor de labios duchos en modulaciones que reducen al m\u00ednimo el movimiento, soplo que ha de recogerse con la oreja desacomodada a la recepci\u00f3n de la onda sonora, con los ojos fijos en los ojos vigilantes del maestro, a quien hay que mentirle profundas concentraciones espirituales, mientras todo el ser se vuelca a lo externo, hacia all\u00ed,, adonde hay labios simuladores de silencio. No hay cuidado que responda \u201cno s\u00e9\u201d, prefiere el riesgo de contestar un disparate, lanzando, al azar una respuesta, pero en este caso la expresa con el aplomo de quien se siente en posesi\u00f3n de la verdad, no sea cosa de que se acierte y en el temblor de la voz se descubran intentos de adivinar.<\/p>\n<p>No, la escuela no es la generadora de esta tendencia de ocultamiento, pero incide sobre ella, la exalta y la lleva m\u00e1s all\u00e1 de lo que a mi juicio, es debido. Porque si todos estamos de acuerdo en que es de sabios decir \u201cno s\u00e9\u201d, de virtuosos el ser sinceros, de honestos el no presentar como propio el trabajo ajeno, no veo yo c\u00f3mo pueden adquirirse tales virtudes si en la escuela no se practican y si, adem\u00e1s, se crean de continuo situaciones que llevan a la ejercitaci\u00f3n del pecado. No llego con esto a pedir la extirpaci\u00f3n absoluta del mal; a\u00fan si fuera posible, habr\u00eda de andarse con tiento, ya que todav\u00eda no estamos en condiciones de prever las consecuencias que provendr\u00edan de un cambio radical en los procedimientos.<\/p>\n<p>En principio, debemos sentir profundo respeto por todo lo que aparece en el esp\u00edritu del ni\u00f1o con caracteres de universalidad y debe bastarnos ese hecho, mientras no se pruebe lo contrario, para considerar favorable a los intereses generales de la especie, las tendencias de ocultamiento, aunque no podamos descubrir las razones de su bondad.<\/p>\n<p>Pero estimo peligroso para los fines de la educaci\u00f3n, el dejarla prosperar sin limitaciones y mucho m\u00e1s que la Escuela se convierta en un factor malsano de hipertrofia. Creo que nosotros llegamos a esto.<\/p>\n<p>Una serie de pr\u00e1cticas, un conjunto de h\u00e1bitos, distintas formas de conducirnos, arraigados conceptos acerca de lo que debe ser el maestro, el ni\u00f1o y de lo que \u00e9ste es capaz de alcanzar, van dirigidos todos a la creaci\u00f3n de un sistema donde el alumno se mueve a base de insinceridades, sometido continuamente a situaciones que lo arrastran a fingir, a degradarse moral e intelectualmente y a impedir, adem\u00e1s, que su maestro act\u00fae sobre \u00e9l para eliminar la falta de aptitud que se oculta.<\/p>\n<p>Si elogi\u00e1is demasiado al que sabe, sembr\u00e1is, muchas veces sin daros cuenta, un semillero de tentaciones: todos querr\u00e1n alcanzar el cielo; por medio l\u00edcitos unos, pero los m\u00e1s, por tortuosas sendas. Si castig\u00e1is, si recib\u00eds con gestos agrios o con una mala calificaci\u00f3n las demostraciones de ignorancia, en algunos obtendr\u00e9is nobles enmiendas, pero otros, por arteros medios, procurar\u00e1n eludir el castigo.<\/p>\n<p>A veces en este mundillo, cerrado a los ojos del maestro, los personajes se mueven con las mismas furias pasionales, que los de Shakespeare.<\/p>\n<p>\u00bfQuieres copiar o que te sople en las apuradas? Venga entonces el enmantecado pan, la jugosa naranja, la codiciada figurita, con la que ha de completarse la colecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dram\u00e1ticas transacciones en cubileteos de trastienda envueltas en sombras protectoras de pecados. A veces, la venganza llega al refinamiento. \u00bfQu\u00e9 pregunt\u00f3 el maestro? Estabas distra\u00eddo y fuiste elegido para la respuesta&#8230; Tienes una cuenta que saldar. Un corte en un hilo de una cometa, un pleito sobre bolitas&#8230; una delaci\u00f3n. El maestro aguarda, al fin viene el soplo, lo recoges anhelante, sin sospechar que viene envuelto en alevosas traiciones, y contestas \u201cLa diez millon\u00e9sima parte del cuadrante del meridiano terrestre\u201d. La clase estalla en risa, despu\u00e9s llegas a saber que se te preguntaba acerca del n\u00famero de patas de los insectos.<\/p>\n<p>Una actividad docente bien orientada, elimina en gran parte la necesidad de tener que echar mano de sanciones. En escuelas donde se recurre a las cuentas largas, a las copias largas, a los dictados largos, para fijar con ejercicios de esta \u00edndole el conocimiento, el ni\u00f1o no puede moverse con otros fines que los menguados de obtener un premio o eludir un castigo. Exigen larga quietud corporal a quienes la movilidad les es placentera; obligan a andar sobre lo viejo, sobre lo ya conocido a quienes tienen permanente avidez de novedad; no dan lugar al descubrimiento, al esfuerzo creador, goce supremo de la infancia, fuentes de placer puras, que incitan a la acci\u00f3n sin macularla de halagos o rega\u00f1os. A medida que se afina la t\u00e9cnica, acomod\u00e1ndola a los nobles intereses del ni\u00f1o, las sanciones van perdiendo su raz\u00f3n de ser. Ya las hemos disminuido en alto grado: el premio material, el juguete, la medalla, tienden cada vez m\u00e1s a desaparecer, lo mismo pasa con la penitencia y con el castigo corporal, no tanto por las disposiciones que los proh\u00edben, como por las transformaciones de la t\u00e9cnica en el arte de ense\u00f1ar.<\/p>\n<p>Hay de esto un testimonio elocuente: cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s, marzo se anunciaba con lloros de ni\u00f1os; a la rastras, alzados en medio de furiosos pataleos, con obstinaciones que no cejaban ni con la amenaza de la intervenci\u00f3n del celador, ni la promesa del oroz\u00fa de palo, se hac\u00eda la primera entrada a los centros educacionales.<\/p>\n<p>No se han aumentado los premios, ni acrecido los castigos para lograr conversiones en el conducirse de los alumnos. Hoy se va a la escuela con placer y se est\u00e1 a gusto con ella, porque los procedimientos para el aprendizaje, se van concertando a las caracter\u00edsticas de la infancia. Si las palabras muy halag\u00fce\u00f1as o las duras reconvenciones llevan a ocultar la ignorancia, miremos con prevenci\u00f3n esas armas, para hacer de ellas un uso m\u00e1s prudente: no sea cosa que, afanados en mejoras, logremos en cambio, por errores de t\u00e1ctica, resultados mucho m\u00e1s nocivos que los que dese\u00e1bamos mejorar. Con esta conducta ir\u00edamos tambi\u00e9n contribuyendo a la realizaci\u00f3n de uno de los sue\u00f1os m\u00e1s caros del hombre: a la conquista del bienestar moral sin que anden por medio, ni las obligaciones ni las sanciones.<\/p>\n<p>En la Escuela Primaria, en la nuestra y, posiblemente en la de todos los pa\u00edses del mundo, la tendencia a la ocultaci\u00f3n, prospera porque hacemos mover al ni\u00f1o en un mundo que es incapaz de comprender; unas veces, porque las t\u00e9cnicas no son correctas, otras porque el conocimiento es inaccesible para su mentalidad. Si no se comprende, por cualquiera de estas dos causas, y ya se tienen inhibiciones profundas para acusar ignorancia ha de recurrirse forzosa e ineludiblemente al enga\u00f1o. Entonces se simula saber: se memorizan, con ausencia absoluta de comprensi\u00f3n, los teoremas, las demostraciones, los mal llamados problemas aritm\u00e9ticos; de memoria, al pie de la letra, se recitan los textos; por aqu\u00ed composiciones a base de frases hechas, o extra\u00eddas integralmente de un libro, o arrancadas a fuerza de llantos y de ruegos a los familiares; por all\u00e1, asirse al soplo amigo, o el copiar a un compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>En estas redes tan sutiles, caen hasta los maestros m\u00e1s avisados. Se cree que los ni\u00f1os, efectivamente, saben y comprenden, pero la m\u00e1s ligera prueba, el m\u00e1s leve soplo sobre puntos inexplorados, nos dicen, en seguida, de castillos esplendentes, levantados sobre arenas movedizas.- \u00a1Oh, t\u00fa, que nos hablas, con sapiente lengua, de repartimientos proporcionales y con empaque de economista, disertas sobre las producciones de Beluchist\u00e1n! \u2013Dime de tus artes para ocultar a los ojos de tu maestro que no sabes disponer cantidades para efectuar una suma, o dar la vuelta a quien te entreg\u00f3 diez pesos para el cobro de una cantidad. -\u00bfC\u00f3mo hiciste t\u00fa, mentidor de conocimientos en geograf\u00eda econ\u00f3mica, para ocultar tu creencia de que entre las producciones de la manzana donde vives, figuran n\u00fameros de loter\u00eda? \u2013 Cuando vienen a m\u00ed, programas pomposos, en los que se encierra casi todo el humano saber, pienso inmediatamente en la influencia que ejercieron sobre ellos las simulaciones de la infancia.<\/p>\n<p>Introducid en los programas, cada vez, m\u00e1s conocimientos, que el ni\u00f1o en lugar de deciros \u201cno s\u00e9\u201d, \u201cno comprendo\u201d, se arreglar\u00e1 de modo que no sint\u00e1is el burladero, y a la postre, dinamizado por enga\u00f1osos triunfos, os sentir\u00e9is tentados a exigir m\u00e1s conocimientos y as\u00ed, en carrera sin l\u00edmites, porque el burlador ir\u00e1 siempre prendido a los faldones del burlado.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que verdaderamente sepamos del saber de nuestros ni\u00f1os, en el que podamos apreciar, sin posibilidades de errores, su capacidad para comprender, el d\u00eda en que ellos no nos enga\u00f1en y no nos enga\u00f1emos a nosotros mismos, habremos puesto una s\u00f3lida piedra en los d\u00e9biles cimientos de la ciencia pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>Pero no podemos esperar tal triunfo si, previamente, por todos los medios, no vamos a la conquista del alma del ni\u00f1o para que se nos entregue abierta ofrend\u00e1ndose en sinceridad.<\/p>\n<p>No prodigar las zalemas, que el deleite que ellas procuran es inferior al gozo de sentirse apto. Haya mieles en los labios y placidez en el gesto para recibir las confesiones de incapacidad.<\/p>\n<p>No les pidamos imposibles, pero t\u00fa tambi\u00e9n, \u00a1Oh maestro! Si quieres que te imiten, mu\u00e9strate sincero; no basta que lo seas, es necesario tambi\u00e9n que aparezcas como tal. El ni\u00f1o te e envuelto en una aureola de sabidur\u00eda eres \u00fanico para \u00e9l. Podr\u00e1n ser sus padres superiores a ti, \u00a1Oh maestro!, enormemente superiores, pero niegan rotundamente en ellos, lo que afirman en vos. \u2013Perdona, pero t\u00fa tambi\u00e9n, sin quererlo, en cierta forma, eres un ocultador de ignorancia.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 pocas veces tus disc\u00edpulos oyen de tus labios un \u201cno s\u00e9\u201d! \u2013De tu l\u00e9xico, par uso escolar, se han eliminado todas las expresiones dubitativas y hasta las que dicen de un conocer futuro. La ense\u00f1anza se mueve dentro de un sistema donde no hay lugar para el \u201cme parece\u201d el \u201ces posible que sea as\u00ed\u201d, el \u201ctengo dudas y estudiar\u00e9 el punto a fin de ver si puedo disiparlas\u201d. -\u00bfC\u00f3mo han de venir a los ni\u00f1os, y para usarlas en la escuela, palabras que no sean las tuyas? \u2013Se sostiene por muchos, que el maestro, para mantener su autoridad nunca debe colocarse en posiciones que lo muestren incurso en dudas o ignorancias. \u2013 Esta fue la voz imperativa de un pasado que hoy a\u00fan tiene resonancias en la conciencia profesional de presente. La autoridad por encima de todo, pero autoridad mentida, como la que se basa en el terror, o en los v\u00ednculos de sangre. Autoridad hacedora de s\u00fabditos, pero no hacedoras de autoridades como lo requiere la democracia.<\/p>\n<p>Autoridad reforzada con la palmeta, con el aire ceremonioso del d\u00f3mine que, empinado en su tarima, como un rey en su trono, daba sus primeras lecciones de servilidad. Pero los desplazamientos dentro de ese campo, si bien manten\u00eda en todo su poder\u00edo la autoridad, limitaban y hasta pervert\u00edan la acci\u00f3n educativa.<\/p>\n<p>El maestro para no mostrar sus flaquezas se ve\u00eda obligado a restringir en absoluto la libre actividad del ni\u00f1o. Mientras aqu\u00e9l dice y \u00e9ste escucha, las posibilidades de caer en falta est\u00e1n en lejan\u00edas. Se eliminaron tambi\u00e9n los hechos: con decir c\u00f3mo se hac\u00edan las cosas, no hab\u00eda peligro de incurrir en yerros; los hab\u00eda, en cambio, al hacerlas. El hecho ten\u00eda una autoridad que pod\u00eda estar en pugna con la del maestro.<\/p>\n<p>En tal sistema, no entraban las interrogaciones del alumno. Sempiterno pregunt\u00f3n en la calle y en el hogar, en la escuela se enquista en silencios. Ese pasado tiene todav\u00eda resonancias en la conciencia profesional del presente. Entre el maestro y el ni\u00f1o hay una valla que determina zonas de incomprensi\u00f3n. \u2013 Procura \u00a1oh maestro! Eliminarlas para que los ni\u00f1os vengan efectivamente hacia ti, ofrend\u00e1ndose en sinceridad. No conviene desterrar por completo el sentimiento de verg\u00fcenza que origina en nosotros el no saber, porque \u00e9l nos conduce a enmiendas; pero hemos de crear un sentimiento m\u00e1s fuerte, el de avergonzarnos de ocultar ignorancia, echando mano para ello de recursos indebidos.<\/p>\n<p>Debemos hacer algo para aminorar estos males, pues, como lo dije hace un momento, si es de sabios decir \u201cno s\u00e9\u201d de virtuosos el ser sinceros, de honestos el no presentar como propio lo que es ajeno, no veo yo como pueden adquirirse tales virtudes, si en la escuela no se practican y si adem\u00e1s se crean de continuo, situaciones que llevan al pecado.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1944 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.educacionrural.org\/wp-content\/uploads\/firmaagustinferreiro-chica1.jpg\" alt=\"firmaagustinferreiro-chica\" width=\"200\" height=\"63\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA OCULTACI\u00d3N DE IGNORANCIA EN LA\u00a0\u00a0 ESCUELA\u00a0\u00a0 PRIMARIA \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Muy pocas veces nuestros escolares reaccionan frente a las cuestiones que les planteamos, con un \u201cno s\u00e9\u201d. 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