{"id":532,"date":"2011-10-08T19:39:55","date_gmt":"2011-10-08T22:39:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.educacionrural.org\/?page_id=532"},"modified":"2014-02-27T17:23:26","modified_gmt":"2014-02-27T19:23:26","slug":"carta-de-renuncia-a-la-direccion-del-nucleo-de-la-mina","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.educacionrural.org\/?page_id=532","title":{"rendered":"Carta de Renuncia a la Direcci\u00f3n del N\u00facleo de la Mina"},"content":{"rendered":"<h1><span style=\"font-size: large;\">CARTA DE RENUNCIA A LA DIRECCI\u00d3N DEL N\u00daCLEO DE LA MINA<\/span><\/h1>\n<p>La Mina, 20 de marzo de 1961<\/p>\n<p>Sr. Director General de Ense\u00f1anza Primaria y Normal,<br \/>\nDr. Felipe Ferreiro.<\/p>\n<p>Sr. Director General:<\/p>\n<p>He tomado conocimiento de la resoluci\u00f3n que el d\u00eda 13 de marzo \u00faltimo dict\u00f3 el Consejo Nacional de Ense\u00f1anza Primaria y Normal en relaci\u00f3n con el funcionamiento del Primer N\u00facleo Escolar Experimental de La Mina, Cerro Largo, que hasta el momento he tenido el honor de orientar y dirigir.<\/p>\n<p>Ante dicha resoluci\u00f3n me considero en el deber de elevar a Vd. mi renuncia al cargo de Director del N\u00facleo que con car\u00e1cter interino se me asigna en la misma.<\/p>\n<p>Entiendo que las razones de este acto deben quedar claramente documentadas, porque as\u00ed lo requieren la importancia pedag\u00f3gica del asunto y mi conciencia de maestro.<\/p>\n<p>El N\u00facleo Escolar ha funcionado durante seis a\u00f1os, finalizando ahora su segundo ciclo experimental de tres a\u00f1os. A la hora de dar opini\u00f3n sobre la labor cumplida y de pronunciarse sobre el futuro de la instituci\u00f3n, el Consejo comienza por declarar \u201cque no existen suficientes elementos de juicio que habiliten a criterio del Consejo para juzgar respecto al resultado de la obra escolar y social, cumplida hasta el presente por el N\u00facleo Escolar Experimental de La Mina, y que ello se debe en gran parte, al r\u00e9gimen que implantara la resoluci\u00f3n del 7 de octubre de 1954, ya que por el sistema de contralor que establece, se dio intervenci\u00f3n exclusiva al Cuerpo de Inspectores Regionales, desentendi\u00e9ndose el Consejo del ejercicio de potestades que s\u00f3lo a \u00e9l pertenecen leg\u00edtimamente\u201d.<\/p>\n<p>Todo el resto de los considerandos, as\u00ed como el contenido preciso de la resoluci\u00f3n, est\u00e1n dedicados a impugnar y modificar aspectos de la resoluci\u00f3n del 7 de octubre de 1954, por la que el propio Consejo de Ense\u00f1anza puso en marcha el N\u00facleo Escolar.<\/p>\n<p>No hay en el documento una palabra de contenido t\u00e9cnico, ni una referencia al trabajo cumplido con ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos, ni una resonancia a las inquietudes que La Mina ha despertado en el magisterio y en la opini\u00f3n p\u00fablica, ni una menci\u00f3n a la documentaci\u00f3n existente en carpetas de ese Consejo, ni siquiera un asomo de gratitud a m\u00e1s de veinte j\u00f3venes educadores que durante seis a\u00f1os sirvieron con devoci\u00f3n un ideal tan respetable como el de la escuela rural.<\/p>\n<p>La experiencia sobre la cual el Consejo que Vd. preside debi\u00f3 haber opinado, es ignorada en el documento y esta ignorancia es la que confiere a la resoluci\u00f3n una invalidez t\u00e9cnica definitiva.<\/p>\n<p>El Consejo se\u00f1ala no estar en condiciones de opinar y atribuye la culpa a un r\u00e9gimen que, seg\u00fan dice, otorgaba todas las competencias a las Inspecciones Regionales sin reservar ninguna al propio Consejo. Me atrevo a se\u00f1alar la falsedad de este argumento: sin duda las Inspecciones Regionales, cualesquiera sean las atribuciones que se les confieran, est\u00e1n sometidas a la superior jerarqu\u00eda administrativa del Consejo. A casi dos a\u00f1os de haber iniciado su actuaci\u00f3n, la Mayor\u00eda del Consejo no puede, reci\u00e9n, advertir y sostener que una instituci\u00f3n bien definida del organismo escapaba a su contralor. Y digo \u201cla Mayor\u00eda\u201d porque me consta que los Sres. Consejeros de la Minor\u00eda est\u00e1n en condiciones de discutir acerca del N\u00facleo de La Mina en planos m\u00e1s elevados, atendiendo m\u00e1s a fines y a realizaciones que a aspectos reglamentarios.<\/p>\n<p>Pero ya que el propio Consejo manifiesta no poseer suficientes elementos de juicio en esta materia, yo me he de permitir reforzar su propia tesis, recordando que existen otras razones, mucho m\u00e1s poderosas que la que da el Consejo, para explicar su desconocimiento.<\/p>\n<p>Apenas instalado el actual Consejo de Ense\u00f1anza, los miembros de la Comisi\u00f3n Asesora de Educaci\u00f3n Rural, entre los cuales me contaba, solicitamos ser recibidos por el Consejo. Dese\u00e1bamos cambiar ideas respecto a los servicios de la Secci\u00f3n Educaci\u00f3n Rural, uno de los cuales es precisamente el N\u00facleo de La Mina. Solicit\u00f3 la audiencia verbalmente el Sr. Inspector T\u00e9cnico, Presidente de la mencionada Comisi\u00f3n Asesora, y meses m\u00e1s tarde, debi\u00f3 hacerlo por escrito. La audiencia no fue concedida y nunca se curs\u00f3 recibo de un largo informe que se nos requiri\u00f3, como sustituto del f\u00e9rtil cambio de ideas alrededor de una mesa de trabajo.<\/p>\n<p>Tampoco provoc\u00f3 el comentario oficial la cartilla \u201cA prop\u00f3sito de la Educaci\u00f3n Rural en el Uruguay\u201d, elaborada por la Secci\u00f3n Educaci\u00f3n Rural, ni mereci\u00f3 un simple acuse de recibo la cartilla \u201cCinco a\u00f1os de Educaci\u00f3n Rural en La Mina\u201d. Ambas fueron enviadas a los cinco se\u00f1ores Consejeros y daban cuenta de los temas que hoy declara desconocer el Consejo.<\/p>\n<p>En octubre de 1959 visit\u00f3 el N\u00facleo de La Mina el Sr. Ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Previsi\u00f3n Social, Dr. Eduardo Pons Echeverry. No fue invitado por el Consejo Nacional de Ense\u00f1anza, sino por un funcionario internacional, la Srta. Margaret J. Anstee, Representante de la Junta de Asistencia T\u00e9cnica de Naciones Unidas en nuestro pa\u00eds, quien segu\u00eda con la mayor atenci\u00f3n nuestra experiencia. Me consta que el Sr. Ministro hizo lo posible por llegar a La Mina en compa\u00f1\u00eda de alguno de los se\u00f1ores Consejeros. No lo consigui\u00f3, perdiendo as\u00ed el Consejo una oportunidad de tomar conocimiento directo de los trabajos que se cumpl\u00edan en la zona.<\/p>\n<p>En diciembre de 1960, dieciocho\u00a0 integrantes del personal del N\u00facleo Escolar viajamos a Montevideo para entrevistarnos con todos los Sres. Consejeros, hacerles saber que el segundo plazo experimental de tres a\u00f1os hab\u00eda finalizado y exponerles algunos puntos de vista relativos al futuro de los n\u00facleos escolares, elaborados d\u00edas antes en jornadas cumplidas en La Mina con la presencia y ayuda de los Sres. Inspectores Regionales y del Sr. Inspector Departamental. Como ser\u00eda innecesario aclarar, debimos costearnos los gastos de estad\u00eda y los que provoc\u00f3 un viaje de casi mil kil\u00f3metros. El Sr. Director General nos escuch\u00f3 atentamente durante media hora sin comprometer opini\u00f3n sobre los asuntos que le present\u00f3 la delegaci\u00f3n. El Consejero Maestro Sr. Mascar\u00f3 nos hizo saber por su Secretaria que no nos recibir\u00eda, pues a su juicio bastaba con que hubi\u00e9ramos conversado con el Sr. Director General. El Consejero Maestro Sr. Cazarr\u00e9 escuch\u00f3 nuestro anuncio respecto a la finalizaci\u00f3n del plazo concedido a la experiencia, pero se neg\u00f3 rotundamente a o\u00edr idea alguna relativa al futuro de la instituci\u00f3n, que era, desde luego, el motivo determinante del viaje y de las entrevistas. Los Consejeros de la Minor\u00eda, Sres. G\u00f3mez Haedo y Vidal dedicaron a la delegaci\u00f3n por lo menos una hora cada uno, escucharon sus planteamientos, aportaron sus propias ideas y comprometieron pleno apoyo a la etapa de ampliaci\u00f3n del sistema de los N\u00facleos Escolares, que en aquel momento cre\u00edamos segura, ya que los presupuestos presentados al Parlamento tanto por la Mayor\u00eda como por la Minor\u00eda, inclu\u00edan los cargos necesarios para hacer funcionar cuatro N\u00facleos Escolares.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 necesidad de decir que el resultado de nuestro viaje no nos satisfizo y que, sin poderlo evitar, la forma en que fuimos atendidos por la Mayor\u00eda nos caus\u00f3 dolor y nos llen\u00f3 de temores?<\/p>\n<p>Agr\u00e9guense a todo esto las dificultades existentes para tener entrevistas con el Sr. Director General en la propia sede del Consejo, donde no existe un r\u00e9gimen de concesi\u00f3n de audiencias que garantice el tratamiento oportuno de los problemas que afectan al servicio o a los funcionarios, de lo que tengo ingrata y reciente experiencia personal.<\/p>\n<p>Ahora el Consejo de Ense\u00f1anza, por voto de su Mayor\u00eda, declara no estar en condiciones de juzgar. No puede admitirse que se se\u00f1alen, como causa de esa situaci\u00f3n, los presuntos defectos de la resoluci\u00f3n que puso en funcionamiento el N\u00facleo. La falta de \u201csuficientes elementos de juicio\u201d que invoca el Consejo proviene de esta actitud general de desconocimiento y del hecho de no haber sometido a an\u00e1lisis ciertos documentos existentes en el organismo, tales como los informes de visitas del Inspector Departamental, el dictamen de fines de 1957 de los se\u00f1ores Inspectores Regionales y Departamental, las notas enviadas por los vecinos en la misma fecha, los compromisos contra\u00eddos con la UNESCO, la recomendaci\u00f3n de la Comisi\u00f3n de Presupuesto de estabilizar el N\u00facleo de La Mina y crear otros, el testimonio del Sr. Ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica emitido en el Paraninfo de la Universidad, y otros muchos.<\/p>\n<p>El texto de la resoluci\u00f3n del Consejo de Ense\u00f1anza de 13 de marzo no merece, finalmente, ser analizado en detalle, por cuanto su carencia de fundamentaci\u00f3n v\u00e1lida le quita seriedad, reduci\u00e9ndolo a la condici\u00f3n de un documento lesivo para los realizadores de la obra.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n, pues, de mi renuncia radica en la falta de un pronunciamiento concreto del Consejo de Ense\u00f1anza sobre el trabajo que durante seis a\u00f1os se ha cumplido en La Mina.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Veamos ahora un segundo aspecto de la cuesti\u00f3n cuya exposici\u00f3n no puedo evitar.<\/p>\n<p>El Consejo de Ense\u00f1anza no ha conocido directamente el trabajo de La Mina. Pero quienes se aproximaron a \u00e9l, desde muy distintos lugares del pa\u00eds y del mundo, sintieron invariablemente cu\u00e1nta emoci\u00f3n hab\u00eda en la tarea. Nuestro trabajo no debe medirse por sus obras materiales, ni tampoco porque haya ensayado nuevos recursos pedag\u00f3gicos. Miramos con modestia la obra realizada. A\u00fan nos parece muy alejada de la que debe llegar a ser. Pero tenemos la peque\u00f1a vanidad de haber entrado a fondo en el coraz\u00f3n de los ni\u00f1os, los hombres y las mujeres. Estamos seguros de haberles ganado, no s\u00f3lo en afecto hacia nosotros, sino en actitud hacia s\u00ed mismos y hacia la colectividad. El esfuerzo que por su voluntad realizaron los j\u00f3venes educadores de La Mina, entre los que debemos tener una palabra de especial recordaci\u00f3n para las Enfermeras Universitarias, ha dado frutos. No les import\u00f3 la lluvia, el barro, el fr\u00edo y el calor, el sacrificio del descanso bien ganado y el renunciamiento a mejores posiciones. Su esfuerzo result\u00f3 siempre bien compensado. Se vivi\u00f3 en la zona un proceso de desarrollo espiritual, sanitario, econ\u00f3mico, cultural y familiar, pacientemente estimulado por el ejemplo de todos los d\u00edas y de todas las noches de este grupo de maestros. No hac\u00edan, desde luego, nada extraordinario, ni iban m\u00e1s all\u00e1 que cualquiera de sus colegas conscientes del deber. Pero ten\u00edan a su favor la gran ventaja de trabajar unidos fraternalmente y siempre con una canci\u00f3n en los labios.<\/p>\n<p>Yo he sido casual promotor y atento testigo del despertar profesional de estos j\u00f3venes maestros, algunos de los cuales ingresaron al N\u00facleo como estudiantes magisteriales, pero supieron exponer a\u00f1os m\u00e1s tarde su experiencia en otras tierras de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Y esta devota y emocionante contracci\u00f3n al trabajo del equipo de La Mina, ganaba a quienes nos visitaban, ganaba a nuestros supervisores, ganaba a nuestros vecinos. Algunas veces, solemnes discursos oficiales hicieron alusi\u00f3n a este hecho, tan sencillo pero en cierta medida inusitado, de que los j\u00f3venes maestros de La Mina sacrificaran otras posiciones y comodidades para estar all\u00ed, sirviendo con tanta dificultad y con tan escasos medios su ideal de ayudar desde la escuela a vivir mejor a los hombres. Y nadie crea que todo el m\u00e9rito viene del sacrificio y de la emoci\u00f3n. Ellos son tambi\u00e9n maestros profesionalmente maduros y valiosos.<\/p>\n<p>Ahora el Consejo ha dispuesto otra cosa. Ya no podremos hablar del equipo de La Mina. De veintid\u00f3s maestros, cinco, en el mejor de los casos ocho, quedan en La Mina; los dem\u00e1s se alejan obligadamente, dejando su lugar a nuevos colegas. \u00a1Qu\u00e9 felices nos hubi\u00e9ramos sentido si este alejamiento hubiera obedecido a la puesta en marcha de los cuatro N\u00facleos Escolares que el Consejo de Ense\u00f1anza incluy\u00f3 en su inicial proyecto de presupuesto!<\/p>\n<p>Yo no puedo aceptar esta medida y ver sin protesta c\u00f3mo la mayor\u00eda de mis compa\u00f1eros de trabajo dejan a su pesar La Mina. Estaba en las manos de la autoridad subordinar los reglamentos a las necesidades del servicio y no lo inverso, como ha sido hecho. Y esto no s\u00f3lo por razones de orden humano, muy de tener en cuenta en este caso, sino tambi\u00e9n por una raz\u00f3n de orden t\u00e9cnico que aconseja que quienes han adquirido especializaci\u00f3n \u00fatil al pa\u00eds sean aprovechados en los cargos correspondientes a esa especializaci\u00f3n, como es el caso concreto de diez compa\u00f1eros que tienen seis a\u00f1os de actuaci\u00f3n en La Mina. Siete de ellos han salido al exterior a recibir entrenamiento ajustado a nuestro plan de trabajo. Todos han sido calificados con altas notas, todos han de estar ausentes, de ahora en adelante, de la zona donde quieren seguir actuando y donde a\u00fan se les necesita.<\/p>\n<p>Digo entonces que mi renuncia obedece en segundo t\u00e9rmino a la imposibilidad personal de aceptar estas disposiciones del Consejo, no porque resista trabajar con otros colegas, sino porque de alg\u00fan modo, y yo no tengo otro a mi alcance que la renuncia, debo rechazar este trato que se da al equipo de La Mina.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Tratemos finalmente de ver, porque es indispensable, lo que debi\u00f3 ser motivo de claro pronunciamiento t\u00e9cnico, cualquiera fuera el signo del dictamen.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que est\u00e1 en juego en este momento en La Mina?<\/p>\n<p>Hay quienes tienden a tratar los problemas del hombre en base a abstracciones. Privado de una sustentaci\u00f3n real, su pensamiento se vuelve evasivo, impreciso, fr\u00edo.<\/p>\n<p>En materia de educaci\u00f3n, esta tendencia conduce a las generalizaciones, a los enunciados vacuos, a las apelaciones al Hombre eterno, que es un hombre distinto a cada uno de los hombres que conocemos. La pedagog\u00eda que resulta de ello es presuntuosa e in\u00fatil. Quiere ser cierta para tantos seres que acaba por no venirle bien a ninguno. La educaci\u00f3n deviene una simple especulaci\u00f3n acad\u00e9mica, m\u00e1s que un instrumento al servicio de la vida.<\/p>\n<p>La experiencia de muchos a\u00f1os me ha ense\u00f1ado que la educaci\u00f3n no puede dar la espalda a la vida. Ella es parte de la vida misma, de la vida como acontecer concreto en la jornada de los individuos y de las colectividades. Esta no es una concepci\u00f3n materialista. Creo que la aventura humana es m\u00e1s digna cuanto m\u00e1s libre y m\u00e1s alto sea el vuelo del esp\u00edritu. Pero, siguiendo a Vaz Ferreira, no puedo dejar de tener en cuenta los fundamentos reales de los idealismos.<\/p>\n<p>Cuando por primera vez actu\u00e9 frente a ni\u00f1os descalzos, sucios, hambrientos, hace ya de esto bastantes a\u00f1os, comprend\u00ed que ser educador era realmente un compromiso simult\u00e1neo con la realidad cargada de problemas y el ideal poblado de esperanzas. No pod\u00eda en mi angustiado trabajo de maestro joven sustraerme a ninguno de los t\u00e9rminos de esta ecuaci\u00f3n. El presente y el futuro se contradec\u00edan brutalmente y no era nada f\u00e1cil, en aquella mi soledad inicial del rancher\u00edo norte\u00f1o, escapar al clamor de una realidad dolorosa, seducido por la imagen de un ma\u00f1ana mejor.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, por todos los caminos de nuestra Am\u00e9rica encontr\u00e9 el mismo cuadro. Mayor\u00edas fam\u00e9licas y discursos en torno a la grandeza del destino com\u00fan. El C.R.E.F.A.L. me hizo comprender la responsabilidad de la educaci\u00f3n en esta tarea de aproximar las miserias del hombre presente a su grandeza de futuro. Y me indic\u00f3 caminos. El c\u00edrculo vicioso de la ignorancia, la miseria y la desesperaci\u00f3n que mantiene ahogados a millones de hombres, puede ser vencido por la educaci\u00f3n. Es posible, lo ser\u00e1 siempre, hacer resurgir en el hombre el ansia de la vida plena. Despierto o adormecido, el impulso que nos lleva a todos hacia adelante es la fuerza m\u00e1s poderosa de la humanidad. Una parte de ella puede concretarla en mayor bienestar, en progreso creador, en elevaci\u00f3n material y espiritual. Pero para m\u00e1s de mil millones, por razones distintas y complejas, la idea de que es posible una vida sin hambre y sin desesperaci\u00f3n, no pasa de ser una intuici\u00f3n, un anhelo o un hecho totalmente ignorado.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas d\u00e9cadas han sido testigo de hechos sociales que tienen el sentido de una reparaci\u00f3n y de un despertar. Tras la segunda guerra mundial, pueblos enteros han logrado su independencia y ha sido sometida a la discusi\u00f3n com\u00fan la cuesti\u00f3n del desarrollo de aquellas zonas donde el hombre, m\u00e1s que gozar la vida, la padece. As\u00ed han surgido instituciones, proyectos, m\u00e9todos de trabajo que, al recoger la vieja experiencia del hombre en su lucha por la dignidad, la sistematizan y le dan el car\u00e1cter de una gigantesca empresa com\u00fan. La educaci\u00f3n, dentro de este cuadro, ha comenzado a tener el sentido de una acci\u00f3n recuperadora, de una marcha atr\u00e1s para alentar a los rezagados y acortar la distancia que los separa de los niveles de vida ya alcanzados por otros.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n fundamental, la educaci\u00f3n de la comunidad, la educaci\u00f3n de adultos, la educaci\u00f3n rural, traducen un prop\u00f3sito com\u00fan de servir al hombre en los t\u00e9rminos m\u00e1s realistas, haciendo de la toma de conciencia de sus problemas actuales el comienzo de una lenta pero persistente obra de desarrollo. Todos aquellos que han asumido la responsabilidad de este enfoque educativo y han sabido conectarlo debidamente con los esfuerzos en los campos econ\u00f3mico, pol\u00edtico y social, han llegado a la conclusi\u00f3n de que la educaci\u00f3n es herramienta indispensable en esta gran tarea de borrar de nuestro globo la vergonzosa mancha de la miseria.<\/p>\n<p>Am\u00e9rica tiene tambi\u00e9n analfabetismo y hambre, pueblos que desean ansiosamente liberarse de la angustia, y esfuerzos educativos que extienden por llanuras y monta\u00f1as la buena nueva de que ello es posible. Todo esto tiene el sentido de lo necesario, de lo que surge de las ra\u00edces mismas del Continente, para llevar inexorablemente al florecimiento de sociedades felices. Me parece que es simplemente una cuesti\u00f3n de tiempo, m\u00e1s que de principios. \u00c9stos son claros: el sentido din\u00e1mico moderno de la democracia no puede ser otro para los americanos que el de un gran esfuerzo colectivo por hacer efectiva la libertad, bas\u00e1ndose en la satisfacci\u00f3n plena de todas las necesidades humanas. Un hombre desesperado no es un hombre libre, aunque las leyes hablen de \u00e9l como si lo fuera.<\/p>\n<p>Al Uruguay le ha hecho un da\u00f1o tremendo su especial ubicaci\u00f3n en el conjunto americano. Durante muchos a\u00f1os nos ha resultado favorable toda confrontaci\u00f3n. Hoy, no s\u00f3lo se ha agudizado la pobreza general de los campesinos, sino que ha entrado en ellos, progresivamente, el descreimiento en las posibilidades de la vida rural y el ansia de retomar la ruta de progreso emigrando a las ciudades, en tanto en \u00e9stas se mira con azoramiento creciente un porvenir amenazado por la subproducci\u00f3n del pa\u00eds. No existe en nuestra patria ning\u00fan esfuerzo organizado por enfrentar la realidad. Artigas contin\u00faa esperando quien prosiga su obra de transformaci\u00f3n agraria. Nuestras producciones rurales b\u00e1sicas est\u00e1n estancadas pese al formidable avance universal de la t\u00e9cnica. Durante todo este siglo hemos hablado de la inhumana coexistencia del latifundio y del rancher\u00edo, limit\u00e1ndonos a verlos crecer, el uno en su opulencia, el otro en su frustraci\u00f3n humana. Se ha ido acentuando en gobernantes y pueblo una actitud de indiferencia hacia los problemas sociales del campo. Son problemas aparentemente menores, porque gran parte de los habitantes del pa\u00eds trabajan, comen, tienen techo y gozan de la vida. Entre tanto, decenas de miles carecen de trabajo permanente, comen ensopados aguados, habitan en ranchos insalubres y aprenden desde el nacimiento que la vida no es pr\u00f3diga en risas y canciones.<\/p>\n<p>Yo he o\u00eddo decir al Sr. Director General que el habitante de nuestros campos disfruta pr\u00e1cticamente de un mismo nivel de vida que el de las ciudades. Ello puede ser relativamente cierto para algunas regiones del pa\u00eds, pero los maestros de muchas zonas campesinas hemos visto a ni\u00f1os de vientre hinchado por la malnutrici\u00f3n, afiebrados sobre cojinillos, separados del m\u00e9dico por muchas leguas de mal camino. Hemos visto a las madres envejecidas prematuramente, con el rostro endurecido por la ansiedad, privadas de sociabilidad y esperanza. Hemos visto a muchos j\u00f3venes valiosos huir del trabajo escaso y mal pagado para refugiar su hambre de seguridad en los cuarteles. Hemos visto a hombres maduros, perdida ya la ilusi\u00f3n de la lucha creadora, levantando como parias ranchos cada vez m\u00e1s pobres, para terminar en la triste condici\u00f3n de pensionistas o de habitantes de un suburbio a donde nunca hubieran ido a parar con los suyos si la buena tierra les hubiera ofrecido pan y esperanza. S\u00ed, conocemos bien este cuadro, que se\u00f1ala una existencia rural muy distinta de la urbana, que denuncia un trauma social y que constituye un desaf\u00edo a nuestras fuerzas de educadores. Durante a\u00f1os gritamos, luego discutimos, hoy sencillamente trabajamos. Y todo el que ha querido tener ojos y o\u00eddos sabe que la escuela rural se ha afirmado, a\u00f1o tras a\u00f1o, en esta convicci\u00f3n: o se inicia donde haga falta una acci\u00f3n educativa recuperadora, o nuestras gentes humildes del campo seguir\u00e1n desliz\u00e1ndose hacia una definitiva frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este es asunto de clara competencia del Consejo Nacional de Ense\u00f1anza Primaria y Normal, porque, sin perjuicio de reconocer en qu\u00e9 gran medida es tambi\u00e9n un problema que ata\u00f1e a todos los \u00f3rganos del gobierno y a todos los ciudadanos de la Rep\u00fablica, sin duda la educaci\u00f3n debe cumplir en tales casos su funci\u00f3n primaria y transmitir al hombre las conquistas del hombre, entre las que est\u00e1n tanto aquellas que se refieren a la vida material como las que tocan a la espiritualidad. Los maestros del campo reclamamos un puesto de trabajo en el esfuerzo nacional por liberar del miedo y la incertidumbre a buena parte de la poblaci\u00f3n rural y no daremos un paso atr\u00e1s en nuestra ya vieja resoluci\u00f3n de hacer de nuestras escuelas centros de vida y esperanza. Y aunque a algunos de mis colegas les resulte molesta la exigencia, o a los observadores del af\u00e1n ajeno pueda parecerles mistificaci\u00f3n o quimera, repito que cabe a la escuela rural y a sus maestros la responsabilidad de promover en ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos el leg\u00edtimo deseo de una vida de plenitud. Si as\u00ed no fuera, si esta necesaria funci\u00f3n no fuera comprendida por los profesionales obligados a cumplirla o por las autoridades llamadas a apoyarla, la educaci\u00f3n carecer\u00eda de sentido y traicionar\u00eda el destino de nuestros hijos.<\/p>\n<p>Es claro que esta actitud progresista provoca cambios y que los cambios traen nuevos problemas. Pero, \u00bfpuede alguien desear el estancamiento de la naci\u00f3n? Las consecuencias sociales y pol\u00edticas de este planteamiento no deben asustarnos. No puedo entender que la pol\u00edtica sea algo desligado de la vida y por tanto, no la concibo sino sirviendo al progreso del hombre, en lo que creo que tiene muchos puntos de contacto con la educaci\u00f3n. Y as\u00ed, me parecer\u00eda del m\u00e1s alto inter\u00e9s nacional que pol\u00edticos y educadores estuvi\u00e9ramos de acuerdo en asignar a la escuela del campo una funci\u00f3n fundamental en la transformaci\u00f3n de la vida social, encomendando a los maestros que junto a los m\u00e9dicos y a los agr\u00f3nomos, hoy casi ausentes del escenario campesino, promovieran, por todos los medios a su alcance,\u00a0 la incorporaci\u00f3n de hombres y mujeres al patri\u00f3tico prop\u00f3sito de mejorar su nivel de vida, hoy deficitario. Hay dos maneras de encarar estos angustiosos problemas de nuestro campo: la agitaci\u00f3n demag\u00f3gica y el trabajo t\u00e9cnico constructivo. Me parece indispensable que hagamos todos los mayores esfuerzos a favor de esta segunda f\u00f3rmula.<\/p>\n<p>A esta concepci\u00f3n de la pol\u00edtica educacional que el pa\u00eds necesita nos referimos los maestros cuando hablamos de \u201ceducaci\u00f3n rural\u201d, palabras que hoy son impugnadas por el Sr. Director General, pero que para nosotros resultan apropiadas, porque resumen tanto como nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestra esperanza.<\/p>\n<p>No estoy seguro de que siempre deba ser as\u00ed, pues no he pretendido enunciar verdades inmutables que por otra parte no existen en materia de educaci\u00f3n, sino se\u00f1alar una clara responsabilidad de presente.<\/p>\n<p>Ser\u00eda excesivo por extenso, aunque no innecesario, detallar todo lo que los maestros hemos hecho por llegar a este punto y destacar el inmenso cari\u00f1o con que hemos ido dando nacimiento y desarrollo a cada una de las instituciones necesarias al cumplimiento de estos fines. Estar\u00eda fuera de lugar tambi\u00e9n explicar ahora que el N\u00facleo de La Mina es parte de este proceso y entrar a dar cuenta aqu\u00ed de sus fines, de sus m\u00e9todos y de sus logros. El trabajo est\u00e1 aqu\u00ed, en La Mina, abierto a quien quiera saber de \u00e9l y el Consejo de Ense\u00f1anza Primaria cuenta, si desea emplearlas, con v\u00edas de asesoramiento correcto. Pero una conclusi\u00f3n dolorosa surge con total claridad y ella es que la supresi\u00f3n de la Secci\u00f3n Educaci\u00f3n Rural y de los N\u00facleos Escolares del presupuesto, as\u00ed como otras medidas recientemente adoptadas, son clara manifestaci\u00f3n de que los Sres. Consejeros de la Mayor\u00eda no piensan como nosotros. Es \u00e9sta, como se desprende de la importancia del asunto, una discrepancia fundamental.<\/p>\n<p>Resumo, pues, esta parte de mi exposici\u00f3n diciendo que la tercera raz\u00f3n de mi renuncia est\u00e1 dada por esta evidente oposici\u00f3n entre lo que los maestros pensamos que debe ser nuestra escuela campesina y las disposiciones adoptadas por el Consejo de Ense\u00f1anza que afectan al desarrollo de la educaci\u00f3n rural.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Estas tres razones que me he permitido analizar extensamente me llevan a pedir al Sr. Director General se acepte esta renuncia y se me exima del dolor de ver desfallecer este trabajo.<\/p>\n<p>Con ello se cierra un episodio m\u00e1s en la lucha del magisterio rural. No hemos alcanzado a\u00fan el triunfo, ni aceptamos sentirnos derrotados, porque cada d\u00eda somos m\u00e1s y sabemos mejor lo que queremos. La jornada ha sido intensa, pero llena de goces, que son nuestros para siempre. Y la fe en nuevas jornadas, luminosas y fecundas, no nos abandonar\u00e1 jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Saludo al Sr. Director General muy atentamente.<\/p>\n<p>Miguel Soler.<br \/>\nEscrito en 1961<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA DE RENUNCIA A LA DIRECCI\u00d3N DEL N\u00daCLEO DE LA MINA La Mina, 20 de marzo de 1961 Sr. Director General de Ense\u00f1anza Primaria y Normal, Dr. Felipe Ferreiro. Sr. Director General: He tomado conocimiento de la resoluci\u00f3n que el d\u00eda 13 de marzo \u00faltimo dict\u00f3 el Consejo Nacional de Ense\u00f1anza Primaria y Normal en &#8230; <a title=\"Carta de Renuncia a la Direcci\u00f3n del N\u00facleo de la Mina\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/www.educacionrural.org\/?page_id=532\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Carta de Renuncia a la Direcci\u00f3n del N\u00facleo de la Mina\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"parent":57,"menu_order":1,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-532","page","type-page","status-publish"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/532","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=532"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/532\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2760,"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/532\/revisions\/2760"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/57"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.educacionrural.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}