La Escuela de la Patria por el Profesor Víctor Quiroga


Trabajo publicado en “Revista del INSTITUTO”  de la ciudad de Durazno

La Escuela de la Patria, considerada como realización, parece un mero episodio, un acontecimiento de nuestra historia nacional, en virtud de que no constituye un sistema educativo propiamente dicho por su carencia de fundamentaciones, por su circunstancial y breve concreción en los hechos y por la ausencia de proyecciones y continuidad.

No fue una expresión educativa, ni un sistema, ni un método por cuanto no se basó, al proponerla y practicarla en las contadas experiencias, en ideas pedagógicas, en proposiciones más o menos científicas.

Fue una ambición creada por el pensamiento artiguista en un momento de la historia de la nación y en aras de un ideal. Es por ello una anécdota en la historia nacional y en la historia de la Escuela uruguaya. Cabría en todo caso considerarla como la concreción de un ideal artiguista que no fue más allá por falta de alcances, por imperio de las circunstancias y por carencia de elementos suficientes que pudieran realizarlo (faltaban escuelas, maestros, presupuesto, etc.)

Sin embargo, considerando su espíritu, abarcándola en el conjunto del programa artiguista, observándola a la luz de documentos anteriores y posteriores al año 1815, y de acontecimientos acaecidos, la Escuela de la Patria adquiere una significación más amplia, más profunda, en virtud de la transformación que supuso del orden educativo. Este sentido más amplio que ella adquiere hace doblemente doloroso, para la Banda Oriental, el trunco episodio. Porque además de tener que dolernos de que el advenimiento de los portugueses liquidara las esperanzas de difusión  progresiva y constante de los ideales artiguistas por medio de los diferentes órganos que el héroe propuso y procuró poner en juego, debemos igualmente dolernos porque la realidad histórica – luego de la emancipación del yugo brasileño- no demostró interés mayor, por parte de quienes tenían la responsabilidad, de conjugar la vida nacional en  los términos de realizaciones y cultura que intentó Artigas.

Prueba de ello es el largo período de luchas civiles por las que pasó nuestro acontecer histórico, que demuestra un mayor afán personalista de nuestros pro-hombres que intención constructiva nacional. No comprendieron – o no quisieron comprender- los deseos, propósitos, afanes de Artigas; y no hicieron mayor cosa, cuando la nación fue libre,  para dar forma a algo que tuviera parecido a la idea artiguista de difundir conceptos amplios, profundos, como los de nacionalidad, federalismo, república, etc., por medio de la escuela y de la instrucción cívica.

De ahí la sucesión de contiendas civiles y la persistencia de un estado de cosas que se arrastró por años, creando un ambiente favorable para el estancamiento de la vida nacional en todas sus manifestaciones. Ambiente, estado y contiendas que luego denunciara José Pedro Varela en su “Legislación Escolar” como causales del pobre panorama educativo del país y contra los que dirigiera sus esfuerzos al proponerse modificar la Escuela nacional.

Por todo ello la Escuela de la Patria es un intento de educación republicano-democrática que quedó en intento.

Hechos que han recibido la denominación de Escuela de la Patria

Los hechos que han recibido la denominación de Escuela de la Patria tuvieron una breve duración de dos años: desde setiembre de 1815 a enero de 1817. En síntesis (1) fueron los siguientes, en lo estrictamente escolar:

a)    Inauguración de la Escuela de la Patria en Purificación, el campamento artiguista, de cuya dirección y magisterio  Artigas encomienda a fray José Benito Lamas;

b)    Separación del maestro José Pagola de la escuela pública de Montevideo por el Cabildo de esta ciudad. Esta resolución del Cabildo pone énfasis al episodio por cuanto la corporación interpreta correctamente el pensamiento artiguista y revolucionario y da carácter definido y terminante a los fines educativos de la Escuela de la Patria;

c)    Reemplazo de Pagola por los sacerdotes Lamas y Ortazú a solicitud del Cabildo; a ésta accede Artigas aprobando la separación de Pagola. Los padres Lamas y Ortazú habían de cumplir funciones distintas: la de instrucción primaria en la escuela el primero, y la de “excitar el entusiasmo patrio, haciendo resaltar las ventajas del sistem político planteado por el Protector de los Pueblo libres” el segundo. (2)

La  enseñanza en estos establecimientos escolares – de Purificación y Montevideo- no se diferenciaba de la que hasta entonces se impartía en las escuelas rioplatenses: métodos y programas eran los mismos. Sobre la de Purificación no se tienen mayores datos; la de Montevideo, creada en 1809 por el Cabildo, estaba destinada a la enseñanza gratuita de los niños pobres de la ciudad. El carácter distintivo está dado en el episodio provocado por la separación de Pagola de su cargo: se le destituye “por sus ideas contrarias al sistema político imperante, perniciosas a la educación de la niñez que debía formarse en la religión de la patria libre, que era el voto de los americanos del Sur” (3) y se le reemplaza por aquellos cuya conducta y cuyos sentimientos eran de insospechable patriotismo.

El espíritu de la Revolución Artiguista

Más no se limita a estos hechos el episodio.
En términos de educación, el caso particular de la Provincia Oriental, la Escuela de la Patria y Artigas no se presenta precisamente como estricta cuestión escolar, de educación infantil, sino – más ampliamente – como problema de educación nacional, de educación popular.

En tal sentido, el caso participa, en iguales términos, del problema que se suscita en todo pueblo cuyo orden jurídico se ve interrumpido, conmovido, roto, por otro que lo sustituye: la revolución debía imponer un nuevo orden de cosas acorde con su espíritu.

La revolución iniciada el año 10 debía concretarse en algo más que batallas ganadas. Debía imponer a los hombres los contenidos políticos y sociales del movimiento triunfante. Artigas, comprendiendo tal necesidad, procuró el establecimiento de otros órganos que los elementales de instrucción primaria. En la Banda Oriental era preciso divulgar, enseñar los nuevos ideales, que si bien no eran propiedad de la sociedad porque no existían en ella desde tiempos pasados, en cambio estaban latentes en forma inestructurada. Era preciso darles forma e imponerlos a la sociedad semi-analfabeta.
El  medio de divulgación no podía ser otro que la prensa, de ahí el propósito de Artigas de fundar un periódico que llevara a todos los ámbitos de la nación el espíritu de su sistema político. Con tal motivo reclamó de Buenos Aires la devolución de la imprenta que regalara al Cabildo de Montevideo  la princesa Carlota, y que los porteños se llevaran al evacuar la ciudad; y solicitó del Cabildo que se la aplicara a la fundación e impresión de un periódico, una vez devuelta.

La reclamación de Artigas no tuvo éxito: la imprenta sólo volvió cuando nuevos reclamos –esta vez del Cabildo – y los oficios del regidor don Mateo Vidal exigieron la devolución.

La dirección del “Periódico Oriental” – así se llamaría – fue conferida al mismo Vidal, y la publicación fue anunciada por un prospecto que Artigas acogió con entusiasmo. Este prospecto promete ocuparse de industrias, agricultura, comercio, noticias y problemas cuya dilucidación permita el cambio de ideas.

Más tarde el caudillo habrá de expresar al Cabildo su queja porque “no haya un solo paisano que se encargue de la prensa para ilustrar a los orientales” (4), por cuanto el “Periódico Oriental” no llegó a publicarse: no había en Montevideo periodista que se colocase a su frente,  el propio Vidal había rehusado ocuparse de su redacción.

La frustrada publicación del “Periódico Oriental” nos dice, nuevamente, del carácter anecdótico de la Escuela de la Patria. Ésta  se valora, en las circunstancias, por las proyecciones previstas y las esperanzas concebidas por Artigas en su afán de propender a la ilustración de sus connacionales, a la difusión de su programa,  a la defensa misma del sistema y de su persona frente a la campaña de calumnias desatada contra ambos. Y se valora también por la importancia que el caudillo otorga a la prensa como órgano educativo y por su mesurado respeto – manifestado en la ocasión – a la libertad de expresión. (5)

El fracaso obligó al Cabildo a dedicar la “”Imprenta de Montevideo” a la impresión de cartillas y cartones escolares, de órdenes y proclamas para el ejército, da bandos, edictos, pasaportes, certificados, etc. (6).

Prensa y púlpito como instrumentos de educación

A este instrumento de propaganda de sus ideas Artigas sumó una tribuna: los púlpitos de las iglesias. En tal sentido dice Jesualdo “Artigas, que sin duda era un cristiano, vio en esas tribunas públicas, en los altares, magníficos lugares de convencimiento y de prédica patriota, y les dio su apoyo. Vio en los curas los individuos más cultos y letrados de su tiempo, excelentes auxiliares de sus propósitos, y no los despreció, muy por el contrario, los utilizó de la mejor  y más total forma. No olvidemos que aquellos eran tiempos de superstición e idolatría, y Artigas, como político realista que era, no despreciaba ninguno de los aparatos de convencimiento y colaboración que pudieran servir a los fines de la emancipación que le ocupaban, y  sobre lo que insiste a menudo en sus cartas. Eran lógicos sus cuidados, entonces, para con la religión y sus encargados.

Pero, igualmente, nunca fue un ciego instrumento de los clérigos, y los combatió cuando hubo necesidad de hacerlo…”(7)

Con prensa y púlpitos Artigas procuró crear, solidificar el ambiente en que su programa habría de cumplirse. Fueron ellos instrumentos necesarios, imprescindibles en la nueva organización social, por cuanto toda organización social tiene un efecto educativo. Él pretendió así disolver en el ambiente sus ideales, los ideales de la revolución, para que fueran patrimonio de todos. Pretendió que la sociedad estuviera en condiciones de educar a la sociedad, integrando en ella – sociedad educadora – los conceptos que habría de recibir y comprender como sujeto – a su vez – de educación. El hombre asimila los puntos de vista de los demás por medio de la acción del ambiente al suscitar ciertas respuestas. Por ello Artigas pretendió crear el ambiente que pudiera, activamente, responder a los reclamos de su pueblo.

Indudablemente, quien llega a la comprensión de ideas e ideales es copartícipe  de quienes los crean y difunden y creen en ellos. Este principio de la actividad compartida pudo haberse cumplido exactamente de haberse logrado la impresión y difusión del “Periódico Oriental”.

Biblioteca Pública

A los elementos señalados se agregó, en el año 16, la organización de la Biblioteca Pública de Montevideo como otro órgano de educación e instrucción que  acreciera el contenido pedagógico – si se puede emplear la expresión – de la Escuela de la Patria.

La Biblioteca Pública fue inspiración del padre Manuel Pérez y Castellanos, quien legara el contenido de su librería a fin de que se fundase en Montevideo aquella institución. Esta voluntad de Pérez y Castellanos fue exactamente interpretada por el padre Dámaso Antonio Larrañaga, quien comprendió la urgencia de dotar a la ciudad de tan importante elemento de cultura. Tanto que, previendo el largo proceso judicial que provocaría el cumplimiento de la disposición  testamentaria de Pérez y Castellanos, propuso al Cabildo la fundación de una biblioteca pública. Los libros de Pérez y Castellanos se incorporarían más tarde, por  mandato de Artigas, a los que logró reunir Larrañaga en cumplimiento de su propósito y cometido.

El Cabildo y Artigas aprobaron el proyecto de Larrañaga y la Biblioteca Pública de Montevideo se inauguró el 26 de mayo de 1816. Su director fue el propio D. A. Larrañaga (8). El Jefe de los Orientales rindió homenaje a tan trascendental acontecimiento imponiendo, como santo y seña en su ejército, el día 30, lo que deseó fuese siempre divisa de la nacionalidad: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”.

Los servicios de la Biblioteca Pública fueron, sin embargo, de corta  duración. El 20 de enero de 1817 Montevideo cae en poder de los portugueses y el Cabildo decide clausurar aquélla, encajonar sus libros y depositarlos en las casas que Pérez y Castellanos había legado para su fundación y sostén.

El amplio concepto de la Escuela de la Patria

Estos son los hechos. Parecen, como lo dijimos, episodios aislados iniciados el año 15 y terminados el 17.

Sin embargo, la Escuela de la Patria se inicia mucho antes de 1815. Lo entendemos así en virtud  de que los hombres de la Provincia Oriental estaban preparados para una acción educativa de  la índole de la que tratamos desde los albores de la revolución.

Los hombres tienen los pensamientos de sus grupos, de sus pueblos, y éstos son los que imponen sus voluntades. Los pensamientos e ideales comunes hacen el ambiente y, en todo caso, la psicología de cada jefe es la de quienes le siguen, la de aquellos por quienes se mueve, y por los que se conmueve. Los pensamientos y sentimientos de la revolución no eran patrimonio exclusivo de los pro- hombres de mayo, ni de los caudillos que dirigían las masas; Artigas y los orientales sentían de la misma manera la revolución.  Por tanto, su programa era el programa de los orientales. El que lo hubiesen ungido su conductor no significa condición servil: fue el Jefe de la Banda Oriental porque estando identificado con el espíritu de ésta y de sus hombres, éstos le creyeron el más capaz. Así  también, porque el programa artiguista era el programa de Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, éstos se acogen a la sombra protectora del Patriarca y le designa Protector de los Pueblos Libres.

Por otra parte, no hay efecto sin causa. Aquél se produce al impulso de ésta. Los acontecimientos señalados ocurrieron en virtud de fuerzas que provocaron su existencia. Por eso los hechos concretos que narra Araújo no constituyen únicamente la Escuela de la Patria. Ellos son el efecto que por necesidad hubo de producirse al impulso de realidades anteriores a 1815. Por eso dice Jesualdo: “En cuanto al tiempo en que se inicia esta Escuela de la Patria, prácticamente, a estar por la definición que se le diera a la del año 15, había que decir que empieza en este año. Pero nosotros creemos, no obstante, que su sentido viene de más lejos: aparece con Artigas en el escenario de nuestra Banda. Tengo para mí, que desde que Artigas desembarca en la Calera de las Huérfanas, empezó la Escuela de la Patria. Cada casa, cada púlpito, cada reunión de amigos, fue una Escuela de la Patria para grandes y chicos. Bien puede ser que en estructura y denominación, esta escuela aparezca primero en su Campamento del Hervidero como iniciación de la necesidad de transmitir las aspiraciones políticas del pueblo oriental, o de los pueblos confederados… (9)

Lo que en cada casa, en cada púlpito, en cada reunión de amigos, lo que en toda la nación se discurría, fueron la causa de los acontecimientos acaecidos desde el año 15. Y la Escuela de la Patria es todo eso… y pudo haber sido más…

Proyecto de Constitución de 1813

Por otra parte, este estado de cosas latentes en la Banda Oriental se concretó, en Artigas, en su proyecto de Constitución que  es anterior a 1815. Volvemos a Jesualdo (10):
“La preocupación de Artigas por los problemas de la cultura de su pueblo, es manifiesta ya en su famoso proyecto de Constitución, sobre el que E. Ravignani publicó un opúsculo (11) y del que hemos tomado el texto que comentamos en nuestro Artigas (12). En efecto, en el Artículo  3º del Capítulo I, dice que “como forma de promover la felicidad de la Provincia y asegurar el buen orden y preservación de su gobierno”, se erigirán, a expensas del Gobierno, “ los establecimientos públicos de escuelas para la enseñanza de los niños y su educación; de suerte que se tendrá por ley fundamental y esencial que todos los habitantes nacidos en esta provincia, precisamente han de saber  leer y escribir; pues deberá ser uno de los cargos más fuertes que se le haga al Juez anunciador (primer Tribunal de Justicia) en la falta de no obligar a un habitante propietario de su departamento, en poner  a su hijos a la escuela antes de darle otro giro a fin de que logren de la enseñanza, de los derechos del hombre y de que se instruyan en el pacto social, por el cual todo el pueblo estipula con cada ciudadano y cada ciudadano con todo el pueblo”. Con lo cual no sólo estatuye la obligación del estado en promover tales servicios, la obligatoriedad de la enseñanza y el castigo a los infractores, sino también le da una concreta definición cívico-social a la escuela que proclama. Pero hay aún más cuando se refiere, “con cierto dejo de ironía” – como  recalca Ravignani -, en el Artículo 5º del Capítulo 5º, a la cultura que deberán poseer los habitantes de su Provincia: “Y respecto a que nuestros sabios y piadosos  europeos españoles nos han mezquinado las artes, ciencias y bellas literaturas, con el fin depravado de que viviéramos en la vegetación de la oscuridad, ignorancia y desinterés de las ventajas que contribuyan al  gran beneficio de los pueblos, preservación de sus derechos y libertad; será una ley precisa para el Poder Legislativo y demás magistrados presentes y venideros de esta Provincia, el fomentar y levantar todos los seminarios para las ciencias, artes, aulas de gramática, filosofía, matemáticas y lenguas; fomentar las sociedades públicas, instrucciones para la promoción de la agricultura, comercio, oficios, manufacturas, historia natural del país, y todo aspecto social y sentimiento generoso que acredite las virtudes de un pueblo bien civilizado entre las naciones cultas (13) Y afirmando este tipo de formación cultural democrática por su Artículo 14, se establecía  que “la libertad de imprenta es esencial para la seguridad de la  libertad de un  estado; por lo mismo, no debe ser limitada en esta Provincia, como tampoco en el escribir, ni en la libertad de discurrir “.. (14) Pero este texto, que fuera interceptado  “ a un comisionado de Artigas” y que  llegara a manos del Capitán General de Río Grande, Marqués de Alegrete, no pasó más de las carpetas del Príncipe Regente de donde lo hubo el encargado de negocios de España, Villalba, y lo envió el 2 de abril de 1815, a las autoridades de Madrid”.

Resumen

Resumiendo: la Escuela de la Patria como concreción educativa es un episodio trunco que, como hecho, supera lo que su cronista Araújo relata, si se interpreta el acontecer y se le extiende a su verdadera significación. Si bien no es posible determinar un fin pedagógico-científico de ella, es indudable que Artigas, Larrañaga, el Cabildo de Montevideo y cuantos aunaron a ellos sus esfuerzos, se propusieron una vasta obra educativa. Vasta porque la Escuela de la Patria estaba en todos lados y no únicamente en las aulas escolares; vasta porque los educandos no eran solamente los niños sino todos los orientales; vasta porque el programa a cumplir importaba la enseñanza del ideario artiguista, del sistema político, de –en fin-  un nuevo concepto de PATRIA Y NACIONALIDAD.

Notas:

(1)    Véase la descripción detallada de los hechos en el capítulo VII de “Historia de la Escuela Uruguaya” de Orestes Araújo.
(2)    O. Araújo Op. Cit. Pág.  99,
(3)    Isidoro de María “Compendio de la Historia de la República Oriental del Uruguay. Vol. 3º.
(4)    Nota de Artigas de fecha 12 de noviembre de 1815.
(5)    Nota de Artigas de fecha 23 de octubre de 1815.
(6)    Véase “La imprenta en la Patria Vieja (1815-1816), de Juan E. Pivel Devoto en Catálogo de la 1ª y 2ª Exposición Nacional de las  Artes Gráficas, de 1950.
(7)    Jesualdo Sosa. “La Escuela de la Patria”, en Revista Nacional, de abril de 1949, pág. 63.
(8)    O. Araújo.- Op. Cit. Pág. 588 (Documento de prueba Nº 13).
(9)    J. Sosa. Op. Ct. Pág.63.
(10)    J. Sosa. Op. Cit. Págs. 64 y 65.
(11)    Emilio Ravignani.- ““Un proyecto de Constitución, relativo a la autonomía de la Provincia Oriental del Uruguay, 1813- 1815” (Citado por J. Sosa).
(12)    J. Sosa.- “Artigas, del vasallaje a la revolución” págs. 371 y ss.
(13)     Y (14) E. Ravignani  Op. Cit., pág. 44 (citado por J. Sosa).

1955/03/10