En agosto de 1961 Julio Castro recorrió el vecindario de la Escuela Granja Nº 16 en el departamento de Lavalleja y recogió los siguientes testimonios sobre Homero Grillo y su obra al frente de aquel establecimiento docente.

Vaya esta evocación en homenaje a todos los campesinos de aquella zona.
Conozcamos  y valoremos sus opiniones. Aprendamos de ellas.

Labores concretas de Homero Grillo en la Escuela Granja Nº 16

“Cuando él vino a la escuela no había nada más que la casa.
Empezó por alambrar y conseguir más campo. Plantó montes frutales de naranjos y manzanos; plantó árboles; tuvo  colmenas, hasta veintitantos cajones Hizo un pozo al que le colocó bomba y motor. Además construyó un tanque australiano de hormigón, él hizo los moldes, vació el material y armó el tanque. También organizó un tambo: trajo vacas, construyó un galpón y sacaba buena cantidad de leche. Consiguió además un tractor y otros  implementos de labranza.

Con los muchachos era muy bueno. Adelantaban en la escuela y además aprendían cosas de la granja. La botija aprendió corte y los varones agricultura.
Aprendieron a injertar, podar,  manejar el tractor. Organizó también un cuadro de fútbol, Los Granjeros, que ahora juega en la división en Minas.

Todos teníamos muy buena  opinión de él.

Yo estuve distanciado mucho tiempo con él. No nos saludábamos. Fue por cuestión de un terreno que él quería expropiarnos para la escuela. Frente a los vecinos yo, que tenía comercio,  llevaba todas las de ganar porque el que más el que menos, me debía algún servicio o  algo. Pero después fuimos amigos de nuevo. Tengo muy buena opinión de Grillo.”

 Eulalio Mario Falco

Grillo orientador  de los vecinos

“Esto que estamos haciendo (arando) es porque él nos dirigió. Aquí vamos a hacer una pradera de avena y “raygrás”, porque estas tierras tienen como ochenta años de aradas. Lo que sabemos ahora de praderas lo sabemos por él.

Era muy bueno. Nos enseñaba y nos daba instrucción. En un lado o en otro, donde quiera que fuera, siempre nos estaba enseñando algo. Lo mismo que fuera de  noche.

Grillo nos conseguía las semillas. Hacía ensayos y nos enseñaba después cuál daba más resultado. Nos enseñaba remedios para curar la semilla y otros para curar los animales enfermos. En todo nuestro trabajo nos ayudó.

Cuando se fue él quedamos en el aire… Una persona como él nos hace mucha falta”.

 Claro Ángel Lombardo

“Grillo, como vecino,  era una especialidad. Como maestro también. Era servicial en todo sentido.
Yo lo ocupé algunas veces. Era un amigo.  Donde quiera que estuviese se descargaba de su condición de maestro y era como uno de nosotros. Sabía mucho de agricultura. Aquí nos enseñó a usar fertilizantes y a hacer encalado en las tierras.
A mí me interesa mucho atender al que sabe más que yo porque así aprendo de él lo que me conviene. A los que tenemos chacras Grillo nos enseñó. Recibíamos para nuestras cosas muy buena instrucción de él”.

Antonio Quinteros

Becas liceales

“Lamentamos mucho cuando Grillo se fue porque era una especialidad. Aquí dejó un aspecto muy bueno entre todos nosotros y una atmósfera que Ud. la va a ver. No le va a fallar ningún vecino porque todos lo quieren. Cuando él estaba, la escuela era un chiche. La escuela estaba llena de muchachos. Estaban muy preparados  y a varios de ellos Grillo los mandó para el liceo. Los becó en la propia escuela, único caso en el país”.

Andrés Suárez

Extensión educativa y acción social

“Yo también le puedo decir que el aspecto de todos es muy bueno porque todos queremos a Grillo. Fue un gran luchador. Yo le estoy muy agradecido. Se fue bien con todos.
¿Le habrán devuelto la plata que él puso para la escuela, cuando vendieron las vacas?

Yo no tengo hijos en la escuela, pero iba muy seguido a pasar un rato con él. Yo iba a conversar, pero enseguida me sacaba al tranco y ya no tenía más remedio que seguirlo, Porque cuanto más andábamos me enseñaba cosas mejores. Porque él, amigo, enseñaba todo lo que le correspondía y también lo que no le correspondía”.

Santiago González

El valor de la tierra para un campesino

“Acá lamentamos  bárbaramente que  Grillo se haya ido. Muchos alcanzamos a llorar cuando se fue. Yo comprendo que lo llevaban a una zona más amplia, donde lo que él sabía podía ayudar a más. Pero le aseguro que lo vimos ir con el dolor del alma.

Como maestro fue una maravilla. A los muchachos los quería y ellos lo querían como usted no se imagina. Les enseñó de todo, pero lo más que les enseñó fue a amar la tierra.

Tengo tres hijos. El mayor tiene 14 años y ya lo puse a arar. Yo tengo cincuenta y soy pobre. Para criarlos y educarlos  tengo que trabajar.  Si mando a éste al liceo, después tendré que mandar a los otros y no podré hacerlo. Además necesito quien me ayude. Pero lo más grave es que si el muchacho va al liceo estará estudiando allá ocho o diez años hasta conseguir cómo vivir y entonces ya no querrá la tierra. Yo sé que si la ama y la trabaja como hago yo, ella siempre le dará de comer. Pero si se aleja, sé también que no volverá nunca a ella.

La tierra es una madre que si uno la cuida no lo va a dejar nunca a pie”.

Un lenguaje  claro

(Grillo) en la escuela él trabajaba como negro chico. Y los muchachos, con él. Todos estaban contentos porque querían su trabajo.  Cuando vino no tenía más que la escuela pelada. Él hizo todo lo demás después. Al empezar, yo creía que el trabajo del maestro estaba adentro de la escuela, enseñándoles a los chiquilines. Pero él me enseñó cuál es el trabajo del maestro.

Sobre la tierra y sobre cultivos se habla mucho. Se habla por diarios y por radio. Se habla mucho por ahí pero por acá, poquito. Lo que se dice no sirve, o no nos llega o no lo entendemos. Hay muchos agrónomos y técnicos que dicen cosas. Pero eso no nos llega. Por más que se nos diga por la radio o por el diario estamos de a pie.

Nosotros  necesitamos un hombre que venga, que esté con nosotros y que nos dirija. Era lo que hacía Grillo. Era un gran conocedor de la tierra y aquí, en ella, nos enseñaba.

A él le entendíamos claro, porque trabajamos juntos y sabía lo que nos aconsejaba. Ahora oímos hablar mucho, pero no nos sirve. En una palabra: él era todo y ahora, en la tierra, estamos huérfanos.

Yo aré toda mi vida, como criollo, y tengo cincuenta años. Siempre hacía lo mismo y plantaba lo mismo. En la época en que me criaba no había escuelas. No sé nada, pero dije siempre que mis hijos les daré educación. Grillo era compañero de los niños e iba a trabajar con ellos con aquel placer de hacer las cosas…
Yo comprendo que lo habrán llevado a otro lugar mejor.
Otro Grillo ¿de dónde lo vamos a sacar?”

Glicerio Quinteros

La  tecnificación del  trabajo  rural

“Les enseñó mucho a los botijas en cuestiones de granja y a nosotros también, porque colaboró con el vecindario enseñándoles cosas de agricultura, granja y lechería.

Trajo los fertilizantes a la zona. Compramos en sociedad entre nueve vecinos- yo era uno de ellos, la escuela otro- una esparcidora de abono que nos costó como setecientos pesos. La usamos todos muchos años. Ahora está en casa de uno de los dueños, pero ya no se usa como antes.

En la escuela hizo experimentos para mostrarnos, por ejemplo, cómo se planta el girasol. Aquí lo plantábamos surco por medio. Él plantó media hectárea como nosotros y otra media a treinta centímetros. Después comparó los resultados. Además analizaba las tierras y nos enseñaba qué clase de abonos hay que ponerles.
¿Cuándo se echó fertilizante a los trigos de aquí? Tuvo que venir él para que lo hiciéramos.

Nos enseño sobre forrajes. Hacía los trabajos en la escuela y después los enseñaba a los vecinos. Hicimos praderas artificiales y aprendimos a plantar y conservar chícharos y porotos y hasta a ensilar cardo para forraje de los animales.

Hacía viveros y les daba árboles a los niños para que los plantaran.
¡Hombre! Ud. pasó por las casas. ¿No vio unos naranjos que estaban allá? Los trajo él.

Trabajó también con cerdos. Trajo de Montevideo, o de no sé dónde el “Bersire”  y se los dio a los chicos para que lo fueran cruzando con los que tenían en sus casas. Y así mestizó los cerdos de la zona.

En gallinas trajo la Leghorn. Ud. ha visto los criaderos que hay en la zona. Él trajo esa raza por primera vez.

Tuvo un tambo. Vendía leche. Consiguió en Agronomía un toro holando. Él lo tenía y daba montas para las vacas de los vecinos. No vendía nada, ni un ternero, sin hacer intervenir a la Comisión Pro Fomento.

Hay que decirlo: era un gran maestro. Del dinero que sacaba de la granja utilizaba para comprar herramientas, pero tenía todo lo que se puede necesitar.

Era muy bueno con los muchachos. Les enseñaba muchas cosas. Después de la escuela, trabajaba con ellos en hojalatería, los hacía podar o injertar, Les enseñaba lo bueno y lo malo. Era muy amigo de los niños. ¡Y había que ver como lo querían!
Tocante a eso, era un padre para los muchachos.

Se ponía a trabajar y lo mismo seguía hasta las doce de la noche!”

A la zona ésta la levantó Grillo. Hay que decir la verdad. Nos enseñó a nosotros tanto como a los niños”.

Juan Garcia
(Miembro de la Comisión Pro Fomento y Presidente de la misma durante varios períodos)

El  legado a  los vecinos

“Dígale a Grillo que Pedro Mesa le manda recuerdos y que todos aquí no lo olvidaremos nunca”

1961/08/10
Fuente: Cuadernos de Marcha.- Diciembre de 1985